Pangea

Hemos buscado conexiones con seres del más allá;

pero, solo hay cuartos separados de un mismo hogar.

Habitaciones donde crecen invisibles raíces 

y dónde el pasto se convierte en infértil tierra. 

En este espacio lo incierto es el tiempo

y lo único seguro es la distancia. 

 

Mas nada pareciera tan lejos en dicha distancia; 

porque bien podría ser el mismo lugar acá y allá, 

porque lo incierto del tiempo

se hace oblicuo cuando colindan los cuartos del hogar, 

porque cada ser en su respectiva tierra

encuentra en los otros las mismas raíces. 

 

Los fantasmas de la cultura maya han dejado las raíces 

justo en el calendario Gregoriano de 3000 años de distancia.  

El dolor es el mismo en cada tierra.

No distingue entre aquí y allá.

La madre en México, Malasia o Indonesia simboliza hogar. 

Pontianak y la llorona lloran por sus hijos pérdidos en el mismo tiempo. 

 

Aunque en ese tiempo,

los seres alejados se hacen uno al probar el sushi, la paella y el arroz con leche, que emanan de las mismas raíces. 

Cada uno de ellos también debería cuidar el hogar;

sin embargo, se preocupan solo de sus cuartos de millas de distancia. 

Porque ya lo dijo Saúl: “Vienes desde allá…

Dónde no sale el sol, dónde no hay calor”, pero venimos de una sola tierra. 

 

Y el día en que las fisuras se hagan una iremos a esa tierra. 

Conoceremos el sol, para los egipcios, y la luna, para los chinos, como medida del tiempo.

Cruzaremos el más allá.

Leeremos a Alex Haley con: “raíces”

Usaremos los metros, las yardas y el Tlalcuahutl como medida de distancia. 

Hasta ese día, viviremos en un solo hogar. 

 

Mas es inevitable voltear a ver al elefante en ese hogar. 

La guerra entre quien se robo la tierra,

entre quien está más distanciado de la paz,

debe de detenerse en estos tiempos. 

Somos los brotes de las mismas raíces 

que emanan aquí, y ya no solo allá. 

 

Somos la samba de Brasil de tiempo similar a la danza Raíces et Résistance de Guinea.

Somos el jarabe tapatío de distancia similar al baile Tierra afroperuano.

Somos cultura de allá y hogar de acá. Somos uno mismo: Pangea. 

 

 

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