Cómo escuchar la música de un cilindro

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¿Cómo suena el interior de Puebla? Es fácil olvidar, con el paso veloz de los peatones y el sonido del tráfico, la melodía de los cilindros u organillos, que complementan el paisaje de las calles del Centro Histórico.

Jorge Galán Pérez lleva 12 años trabajando de organillista, oficio que aprendió de su padre y de su abuelo. “Es una tradición, como se podría decir. Ya conmigo, serían tres generaciones”, comenta . Lo que se refleja en el uso de los instrumentos: “Tienen más de un siglo estos aparatos. De hecho son casi desde Porfirio Díaz. Imagínese lo que se han conservado”.

El señor Galán, explica que el funcionamiento del cilindro trabaja a base de aire, conformado por un rodillo. En la parte superior trae un teclado, que le da tonalidad a los silbatos. Solo es cuestión de darle vuelta y llevar el ritmo para que se definan las notas. Su parte favorita es “la música, más que nada; la música ahora sí es lo que me gusta más, que ya es tradicional”, explica. 

Sobre el acompañante que usualmente se sienta encima del cilindro, detalla: “Anteriormente, traían un monito, que ahora sí le pedía a la gente con su vasito, pero ahora eso ya no está permitido”

Con el paso del tiempo las reglas han cambiado; el público también. A pesar de la tradición, el reconocimiento del cilindro es cada vez menos. “Es una frase que luego nos dice la gente: ‘Trabajen, trabajen, huevones’. También hay mucha gente que nos apoya y nos dicen: ‘No, pues échale ganas, joven. Eso ya se está perdiendo, no lo dejen perder’. Tiene contras y buenas palabras para nosotros, para animarnos”.

Con la creciente falta de aprecio, para que la gente pueda disfrutar de la música, “nada más es de que la gente quiera conservar esta tradición del cilindro, porque ya está desapareciendo. Ya mucha gente, no nos apoya”. A pesar del contraste de opiniones, la música tradicional en las calles más emblemáticas de Puebla se sigue escuchando. “Les diría a la gente que apoye para que se siga conservando la tradición del cilindro más que nada, para que no los saquen de las calles, porque, ya muchos, los quieren comprar para tenerlos en el museo. Los quieren sacar de las calles, y ya no es lo mismo, porque ya no escucharán la música de los aparatos”, sugiere.

Y sobre cómo aprecia él mismo la música: “yo la disfruto, por medio de la gente, cuando se va satisfecha”, concluye.

La cuestión es: ¿cómo elegimos disfrutarla nosotros?  

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