Mapa estelar

Este es un mapa, un mapa de estrellas en este universo mío. Cada constelación es un momento importante de mi vida. En el centro pueden ver un círculo grandote, este es un cúmulo de muchas estrellas que en algún momento fueron todo mi mapa. Este cúmulo se llama Xolotla 2019, la primera campaña a la que fui, en la que conocí al CUPS y de la que aún hay estrellas visibles con los nombres de Yahir, Jennifer, Aldo, Montse, Pascual, Emi, Jime, Gio y Eli, mamá.

Pero, como todos sabemos, el universo siempre se expande y ahora ya no solo es un pequeño círculo, ahora tengo muchísimas más constelaciones. Han pasado 5 años desde mi última campaña lejos del CUPS y un día, cuando todo estaba muy obscuro y ya no tenía más lágrimas para derramar, me pregunté si aún tenía un lugar al que regresar. Entonces me aferre a la vida. Me intenté parar de nuevo porque no podía morirme sin ser un alfabetizador. Dejé de mirar a las vías del metro y me vine cada fin de semana a capacitarme. Y de repente, todo empezó a mejorar, dicen que uno nunca sabe cómo salió de la tormenta, ni cómo sobrevivió, sólo que ya pasó y que sigo, aún sigo vivo. 

El día antes de venir a Zautla recibía el mejor regalo de cumpleaños. Me levanté y quería subirme a la camioneta. Quería ir a dar clases, pero, sobre todo, quería vivir. Así llegué a Zautla, una casa hermosa en donde, aunque esté muy nublado, las estrellas se ven increíbles.

En Zautla vamos a 9 comunidades. La constelación de Zautla tiene cinco estrellas: dos de ellas, la inseparable dupla de niños, Alan y la cocinera, risa de la casa Zyanya, quienes en asamblea siempre hablan y ríen de sus niños; además, yo les pongo un lugar en este cielo a los tres fisios, Alo, Moni y Roger, quienes siempre nos cuidaban, nos sobaron y nos hicieron reír las primeras tres semanas, donde estén, siempre saben que son parte de Zautla.

Luego, sale el primer reparto y llega a Pantijacan, donde los alfabetizadores son Angie, que siempre me escuchó y me regañó, y Jesús, el de los chinos, que no come picante. Después, vamos a Oxpin, Oxpantla, la comunidad de la real más real con los niños, el chico cool, el más breve, el que se cae de la cama, Miguel. En la constelación de Tlamanca está el dueño del baño seco, Diego; la técnica, Ruth; la antiburocracia de Areli, y el conejito del Primo. 

En la constelación de Contla están las estrellas de Anis, la que se peleó con las puertas; de Nick, que forma parte del 50% de las fuerzas productivas de la Comisión de prensa, ahora ahora bautizado como la Doble P. La constelación de San Andrés tiene 3 estrellas muy importantes, a katia, que habla con don Raúl; a Ari, que maneja a los niños y siempre habla fuerte en asamblea; y a Alex, mi discípulo en la limpieza de baños secos y que un día me trajo el mejor taco de carnitas de mi vida.

La constelación de Emilio Carranza tiene las estrellas de Omar, también llamado comal, que es el bodega más implacable que haya visto en mi vida y mi vecino de cama. Luego están dos estrellas que nunca se separan, Héctor y Belén, que siempre cuidan uno del otro y enseñan con una alegría y corazón sin igual. Después, y muy juntito a Emilio, tenemos a Xopanaco con todos sus alfabetizadores, y por eso solo hay una sola estrella, que aunque siempre llegue al reparto con cara tite, sé que él enseña con amor incondicional a sus alumnos.

Por último, tenemos a mi comunidad. La constelación de Acatzacata tiene dos estrellas que dan clases, a mi camarada Axkan, que cruza ríos y sube colinas muy rápido para poder dar clases, que tiene una creatividad increíble y que todo Acatzacata conoce como “el Güerito”; la otra estrella, soy yo.

Ahora, quiero hablarles de las verdaderas estrellas de Acatzacata, mis alumnas y alumnos. Las primeras dos son doña Ino y doña Tere, que siempre tienen palabras graciosas para decir los cachitos, sílabas, en su clase siempre nos acompañan personas que huelen chistoso y que aunque no puedan ni hablar bien siempre apoyan a Ino y a Tere a estudiar; a ellas, que siempre se acompañan y se dan ánimos, que siempre ríen y nunca faltan a clases, para ellas es una estrella de Acatzacata.

Luego, tenemos no a una sino a muchas estrellitas que salen de 6 a 7:30, a la familia Hernández, que siempre me ofrece un espacio en su casa, que siempre ríen, se emocionan cuando hay clase y que han mostrado que en la familia hay un lugar seguro al que regresar; a Noemí, Joaquina, Beto, Elizabeth, Xime, Uri, Arturo y Yareli, les agradezco siempre terminar mis clases riendo.

Después, tenemos la estrella con el nombre de Surid, quien siempre que puede, me recibe sonriendo, una mujer trabajadora y sumamente fuerte, la que siempre está ayudando a su familia y trabajando en mil lugares a la vez, que junta cachitos imparablemente y escribe muy hermoso; esa clase en la que entiendo cada vez más la importancia de las buenas clases en campaña.

Por último, a la estrella de doña Juana, la que me rechazó de su casa dos veces, la que su palabra favorita es hijoputa y suele decirla a sus gallinas, la que a sus 94 años sigue caminando, sigue aprendiendo y sigue con una gran sonrisa; la que lloró cuando escribió su nombre, y yo también lloré con ella.

También, quiero mencionar a dos constelaciones increíbles, la coordinación que está formada por mamá Iván y papá Alexia. Si la casa no ha explotado, es gracias a ellos. Siempre hay a quien pedir ayuda para las clases, son increíbles, explosivos, gentiles, amorosos, duros, venenosos, nucleares, termodinámicos.

Campaña siempre es un viajezote, son lágrimas, sonrisas, son desvelos, son baños secos, soya, suciedad, pero yo creo que sobre todo es aprendizaje y amor. Es aprender a cocinar, a convivir, a enseñar sin nunca haber enseñado, es aprender de todos y todas; del dolor de nuestros alumnos y amigos, empatizar cuando el agua llega cada 3 días y solo da para llenar 2 cubetitas; cuando no hay tiempo para las clases porque hay que salir a trabajar para comer un día más; cuando ya no hay voz para decir los cachitos por una tos que no ha parado desde hace días; cuando el alcoholismo ataca a una comunidad; cuando alguien de la familia se nos va, cuando no hay para comer porque las piernas ya no nos responden.

La campaña siempre te hace más humano. He aprendido muchísimo más que los cachitos que he enseñado. 

Gracias, campaña de alfabetización 2024. Gracias casa Zautla. Gracias comunidad de Acatzacata. Gracias Noemí, Tere, Ino, Joaquina, Beto, Suri, Elizabeth, Juana, gracias por devolverme las ganas de vivir, gracias por levantarme cada día y mostrarme que vale la pena seguir. Todas estas lágrimas y risas las llevo profundamente en el corazón. 

Gracias por mostrarme lo que no conocía y despertarme a lo que ya sabía. Gracias totales Zautla.

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