Acompañar a las y los alfabetizadores, más allá de ser una tarea de asistencia en el camino de la enseñanza, es una labor de múltiples funciones; implica el desarrollo y práctica constante de habilidades necesarias para comprender y apoyar a quien guie en el proceso de aprendizaje. Acompañar a quien acompaña en este camino es aprender a ver a través de sus ojos nuevas realidades, retos y experiencias, conocer distintas formas de vivirlas y enfrentarlas y asimilar aprendizajes desde una perspectiva diferente. Permite reconocer que día con día las y los adolescentes comprometidos con esta labor incorporan en sí valores, habilidades, conocimientos y prácticas útiles para la convivencia en distintos entornos, especialmente con demás adolescentes, cuyas inquietudes resultan ser las mismas; reconocer que al final de campaña son personas con menos miedo y más sensibilidad, coraje y herramientas para hacer frente a diversas situaciones.
Acompañar en este proceso de alfabetización es también conocer a cada alumna y a cada alumno a través de la mirada del alfabetizador. Somos testigos del proceso en que los alfabetizandos desarrollan o mejoran sus habilidades de lectura y escritura, y se permiten aprender, a la par de sus maestras y maestros, nuevos temas de interés que ahora forman parte de su vida. Presenciamos con la misma emoción la manera en que a través de estos momentos de aprendizaje se cuestionan y reflexionan las distintas situaciones que están siendo parte de su presente, nutren esta forma de conciencia con experiencias compartidas y, mediante las habilidades que se desarrollan en cada una de las clases, se permiten compartir inquietudes, pensamientos y conocimientos. Cuando la confianza permite generar un ambiente de mayor apertura emocional, encontrar espacios para compartir ideas, emociones y sentimientos permite usar y trasformar distintos medios de expresión, creando un momento de reconocimiento personal a través de sí y a través de los demás.
En este proceso en el que colectivamente adquirimos distintas formas de estar y expresarnos con el mundo, tenemos la oportunidad de generar ambientes en los que compartimos saberes, aprendemos y reaprendemos. Alentador es saber que en el lugar en donde nos encontremos nos permitan integrarnos y formar parte de la comunidad y, de forma colectiva, recuperar espacios o reconstruir aquellos que por distintas situaciones se encontraban fragmentados. Y es aún más motivante saber que miembros de la comunidad que de forma activa se integran en este proyecto, nos transmiten la emoción y la voluntad de continuar con estos espacios que día a día se renuevan por quienes han encontrado aquí un espacio de comodidad.
Ser parte de una campaña de alfabetización es una oportunidad para aprender de cada una de las personas que somos parte de este proceso, una oportunidad para reflexionar, cuestionarnos y resignificar nuestra vida. Como testigos del proceso de alfabetización sabemos que aún queda mucho por decir, pero reconocemos el esfuerzo de cada una de las personas que ha aceptado ser parte de este espacio y el valor para apropiarse de sus propias palabras, para hacerse leer y para hacerse oír.
