Para mí hoy es un día triste, me levanté muy de mañana y ya estaban las máquinas en la finca, ¡no lo puedo creer! Mi nombre es Mari y desde que nací vivo en este pequeño rancho con mis padres; alrededor de la casa hay plantas de café, naranja y enormes árboles de jinicuil y huizache. Cada año en temporada de cosecha, Don Pedro y su familia cortan los granos de café, los pesan y les pagan por lo que recolectaron. De esta manera lleva comida a casa y pueden estudiar sus hijos.
Tiene dos años que murió Don Antonio, el dueño, amaba su finca, pero ahora sus hijos son los propietarios. Ellos dicen que la finca no les da ganancia, que es muy poco café y además que no les pagan mucho por él. Así que decidieron talar todo, dividir en lotes para venderlos y hacer un fraccionamiento.
Hace una semana vi que Don Pedro y su familia iniciaron su mudanza, la casa donde viven también será derribada. Yo pensaba que solo era una alarma, tenía la esperanza de un cambio de opinión. Pero no, ya están las máquinas.
¿Saben qué extrañaré? El aire fresco de cada mañana, lo verde de las plantas, el aroma de las flores y las orquídeas que adornan los árboles. Este es mi hogar, no quiero irme. Tengo miedo ¿a dónde nos iremos a vivir? ¿Haré nuevos amigos?
Mi padre dice que ya nos encontró otro hogar, es un campo cerca de aquí, la nueva casa es más pequeña pero lo importante es estar juntos.
Hasta hoy nuestro hogar era un árbol grande y robusto que se encuentra cerca de la casa. Vivimos entre las ramas y solo bajamos para comer. Se me olvidaba presentarme, yo soy Mari. Los hijos de don Pedro me llamaron así porque dicen que en lugar de ardilla parezco una mariposa ya que de pequeña me gustaba andar de árbol en árbol, como si volara. Los extrañaré tanto.
Ya viene la máquina para acá, es hora de partir. Iniciamos nuestra nueva aventura.
