DE LA PEDAGOGÍA DE COMBATE A LA PEDAGOGÍA CRÍTICA INSTITUCIONAL. COMENTARIO SOBRE EL LIBRO: LA EDUCACIÓN EN LA CIUDAD DE PAULO FREIRE.
En mis tiempos como alfabetizador era común que hubiera libros de Paulo Freire más populares que otros, sin duda Educación como práctica de la libertad, Pedagogía del oprimido, y La importancia de leer y el proceso de liberación. Cosa que no cambió cuando con algunos colegas comentábamos algunas lecturas en común y siempre aparecían las mismas.
Y no es para menos, estas lecturas forman parte medular del pensamiento freireano-marxista-cristiano-existencialista y se ven reflejados no solamente en los aspectos filosóficos sino fundamentan la práctica pedagógica y que en sus ejemplos tomamos para la ejecución del método basado en el círculo de cultura.
En esta ocasión, me gustaría reflexionar sobre un libro que ha sido infravalorado, que quizá por mi formación académica resulta interesante y es mi intención analizar y comentar, la obra titulada La educación en la ciudad, contiene una serie de entrevistas en diferentes momentos que tienen como centro la práctica educativa desde las instituciones. Pareciera en el texto que el diálogo con Paulo es íntimo, cálido, dinámico y claro en sus conceptos, por lo que la lectura se disfruta y genera la reafirmación de la esperanza en que los sistemas educativos latinoamericanos pueden mejorar.
¿Qué hacer cuando se tiene la oportunidad de incidir en los procesos educativos cuando el partido político en el que militas llega al poder? ¿Dónde empieza la transformación del modelo educativo?
Un poco de contexto
La época de la Guerra Fría para América Latina fue violenta, no porque en nuestro continente tengamos inscrito en el ADN la violencia, el desorden y la falta de respeto por la aplicación de las leyes, más bien fue producto de la actitud de los Estados Unidos por socavar cualquier gobierno que estuviera construyendo una base democrática popular.
Los efectos de esa política, los podemos ver en el empobrecimiento, desigualdad y poca institucionalidad de la mayoría de los países latinoamericanos. Washington no tuvo empacho en impulsar a los peores genocidas que ha conocido la historia, con trasfondo de control y apropiación de las materias primas.
Un golpe militar, rompe el orden constitucional democrático, dejando la dirección de los países en manos de unos pocos y por lo tanto la administración de las instituciones con criterios autoritarios, excluyentes y poco flexibles.
Para el caso de Brasil, tras exilio y luchar por la democracia, los políticos, entre ellos Paulo Freire, logran en 1985 la retirada de la dictadura militar. En 1988, el partido de los trabajadores, que entre sus fundadores se encuentra el dirigente obrero Lula da Silva, con la candidata Luiza Enudina logran ganar la alcaldía de Sao Paulo; siendo la primera mujer en ocupar el cargo.
De manera inmediata, Freire es nombrado como Secretario de Educación de Sao Paulo, que para ese momento era la segunda ciudad más poblada de América, el primer sitio lo ocupaba la Ciudad de México.
¿Cómo pasar de una pedagogía de combate y resistencia cultural a un programa institucional orientando a las Políticas Públicas?
Pues a riesgo de proporcionar respuestas mágicas y simples, la respuesta tendría que ser “congruencia”. Congruencia al reconocer que los “criterios de evaluación intelectualistas, formales, librescos, necesariamente ayudan a los niños de clases sociales favorecidas” (Freire, 2005, pág. 26) y que ayudan a perpetuar a las clases sociales.
¿Cómo va a conocer el alumno de la favela a los clásicos de la literatura, si en su casa apenas hay para comer y no hay para comprar libros? ¿Cómo va a desarrollar hábitos de lecto-escritura si su mundo se mueve en la oralidad?
Por lo que podemos entender de la propuesta freireana no está en menospreciar la cultura del libro, tampoco está a favor de una cultura de la oralización, es más bien ampliar la forma de evaluar tomando en cuenta que los alumnos pueden tener condiciones materiales diferentes.
El énfasis que hace de las condiciones materiales pasa por la habilitación y rehabilitación de instalaciones, ya que no se puede mejorar, desde la Secretaría de Educación, las condiciones del ingreso y las desigualdades si se pueden mejorar las condiciones en las que se aprende.
Estas acciones en el contexto actual causarían un escándalo por tratarse de políticas en el sentido de la actividad ideologizada que tienen los individuos; Freire no titubea al señalar “la naturaleza de la práctica educativa, su necesaria directividad, los objetivos, los sueños que persiguen en la práctica no permiten que sea neutra, sino siempre política” (Freire, 2005, pág. 33).
Por lo que se refuerza su principio de no neutralidad de la educación; pero también propone que la política no es imposición, sino una actividad de diálogo que sirve de base para la escuela democrática, donde no se aísle de los conflictos sociales que aparecen en la sociedad, una escuela que se limite a enseñar cómo “pensar acertadamente”, sino con la existencia de estos dos elementos se encuentren explicaciones y soluciones.
En las entrevistas que contiene el libro, hay gran cantidad de referencias a las “condiciones materiales”, pareciera que premonitoriamente nos advierte el peligro de explicar la poca o nula movilidad social de los países latinoamericanos desde el pensamiento mágico del “echaleganismo” (la mejora de las condiciones de vida depende de “echarle ganas”, “los pobres son pobres porque quieren”).
Por lo anterior, nos dice que la mejora en las condiciones materiales pasa por los salarios de los docentes, instalaciones y la agilización de trámites burocráticos, la reformulación de los sistemas educativos tradicionales en democráticos, deben verse reflejados en mejoras concretas en vías de construir una escuela popular, pero no populista.
También es clara su posición con el concepto de “deserción escolar”; o con la expresión “quedan fuera”, refiriéndose a “no quedan fuera de escuela, como si quedar o entrar fuese una cuestión de opción” (Freire, 2005, pág. 59).
Como si el niño que limpia parabrisas hubiera escogido la opción de trabajar para contribuir al sustento de casa, como si al sopesar la situación le resultara más cómodo arriesgarse a ser atropellado en lugar de estar en un aula.
Los niños son expulsados de los sistemas educativos autoritarios, porque su objetivo es ser exclusivo y excluyente; ya que parte de la idea de lo homogéneo y la elite.
Bibliografía
Freire, Paulo. (2005). La educación en la ciudad. México: Siglo XXI
