Violín

Keith, adoraba vivir allí, aquel lugar era hermoso, aunque en las noches se veía un poco lúgubre, eso quitaba el hecho de que lo adoraba, una gran casa a la orilla de un acantilado, la habitaba junto a su abuelo, quien desde niña la crío , no tenía padres, no es que los necesitara, con él tenía todo el cariño que cualquier otro ser humano pudiera darle y hasta mas, su abuelo siempre le advirtió sobre extrañas criaturas, sirenas, monstruos, peligrosas almas atormentadas que vagaban por la tierra pagando algún castigo, nunca había visto alguna, no tenía ese tipo de habilidad.

Pero hacía varios días algo extraño había empezado a ocurrir. Un violín sonaba justo afuera de su ventana, hacia abajo, en el agua, en plena noche. Consternada preguntó a su abuelo por ello.

-Alguien toca el violín fuera de mi ventana por las noches… – Le dijo después de la cena, este la miró un buen rato, su expresión se agravó considerablemente.

-Jamás te acerques allí, ignórale y con el tiempo se irá. – Ella no cuestionaría lo que el viejo hombre le decía, haciendo caso de lo dicho por el anciano buscaba la forma de dormir e ignorar el constante sonido que se hacía presente más abajo de su casa.

Un día, o más bien, una noche, alguien empezó a hablar con ella.

-¿Hola? – Extrañada se sentó en la cama – ¿Hola? – Otra vez, lo oía levemente distante.

-Hola… – Dijo suavemente pero audible, desconfiada, no se levantó de la cama.

-Mucho gusto… ¿Cómo te llamas? – Eso era extraño, el pueblo quedaba algo lejos ¿Quizás alguien que salía de noche a pescar y se había perdido? Decidió no responder la pregunta.

-¿Quién eres…? – Habló de vuelta, no sabía porque contestaba, simplemente era algo que se le salía.

-Soy del pueblo, me parecía extraño, nunca podría haber adivinado que aquí hubiera una casa. — Al parecer esa persona si era del pueblo, pero, un secuestrador jamás le diría la verdad y aquella situación era más que extraña, sentía el impulso de contestar por cada cosa que él le decía, la conversación siguió hasta ella caer dormida.

La misma historia se repitió la noche que le siguió a esa y la que le siguió a esa también. Siempre se decía que se lo contaría a su abuelo, pero extrañamente olvidaba hacerlo hasta el momento en que él le hablaba a través de su ventana, nunca se había asomado, esa incomodidad seguía persistente en ella. Algo había surgido, una pregunta que resaltaba de entre las otras.

– ¿Podríamos vernos? – No lo haría, aquello era ilógico, quizás podría mantener una conversación con un extraño, ella no era muy normal que digamos, pero no aceptaría verse con alguien que solo se aparecía en las noches cuando su abuelo no rondaba por su casa y los alrededores.

– No… – Su respuesta fue firme, luego de aquella palabra, él no respondió otra vez.

Eso se repitió unas tres noches más, cada vez que ella se negaba él no contestaba. Curiosamente, nunca escuchaba el sonido ni de pisadas ni del agua. Aquello le daba escalofríos.

Y durante las siguientes tres noches él insistió, ya no se iba solo con un no, preguntaba un porqué y por más que su respuesta fuese acertada, él surgiría con otra excusa para que ella saliera de su casa, los recuerdos eran difusos cuando se hacía de día, sentía que era un sueño, pero al mismo tiempo sabía que no lo era, empezaba a temer a aquel hombre que se plantaba bajo su ventana a hablarle.

En la última noche, volvió a hablarle, volvió a preguntarle, esta vez, al negarse, su respuesta fue diferente.

-Bueno… Está bien si ahora no quieres… Pero vendrás conmigo de todas formas. – Un violín volvió a sonar, una canción diferente, la hacía sentirse adormilada, entumecida, sintió que no podía controlar muy bien su cuerpo, quería ver de dónde provenía, se puso de pie, aunque la lógica en su mente seguía diciéndole que no fuera, esta estaba algo adormilada, no podía pensar con claridad, bajo las escaleras descalza y salió, bajo el inclinado suelo y giro para dirigirse a el agua, allí, sentado sobre unas rocas, había alguien, un joven de buen aspecto que tocaba un violín, curiosa, caminaba derecho, este joven la miró.

– Eres más bonita de lo que imagine… Quizás sea buena idea hacerte mi novia, para toda la eternidad- Su conciencia se pedía a gritos volver, intentaba tomar control de su cuerpo, sin embargo, era igual.

Sintió adentrarse en el agua y como esta empezaba a subirle desde la planta de los pies, hasta la pantorrilla con cada paso que daba, seguía observando al joven de ojos amarillos. Incluso el sonido era espumoso, como si tuviera los oídos tapados o algo parecido.

-¡¡Klaus!! – Un grito él hizo volver a la realidad – ¡Deja a mi nieta! – Miró hacia abajo, el agua le llegaba por las rodillas, hacia atrás, en la orilla estaba su abuelo que empezaba a correr en el agua para acercarse a ella, al mirar al frente, el aspecto de este hombre cambiaba, no podía describirlo, su pelo parecía sucio y estaba bastante largo, su piel parecía la de un ahogado, la expresión en su cara cambio a una furiosa, tan pronto vio eso, se dio vuelta y empezó a correr a los brazos de su abuelo quien tan pronto tomo su mano corrió con ella a la orilla.

La criatura, o Klaus, como su abuelo lo había llamado solo dejaba ver su torso, este río, no podía despegar sus ojos de los brillantes amarillos de él, su abuelo caminaba a paso lento hacia la casa una vez más.

-Pudiste cuidarla una vez… Te felicito viejo… – El tono malicioso en su voz la asustaba – Quizás pueda enseñarle a tocar el violín… ¿Qué dices? – Esta vez le estaba hablando a ella, negó con la cabeza, él volvió a reír – Que linda ¿Piensas que va a llegar hasta aquí? — Ella sabía que no, él era mucho más capaz de muchas cosas que ella, como engatusarla, ella era una simple humana – Voy a venir a reclamarte, espérame… – Y con eso dicho desapareció en el agua, eso la molesto, no dejaría que solo por quererlo así, él se la llevaría, lo evitaría, a toda costa.

 

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