De aguas, tormentas, y rayos su casa construyó. En el centro del cerro verde la colocó, de colores celestes la pintó y de manantiales la adornó. Tlalocatépetl: Monte azul de Tláloc[1]. Desde su morada dirige la sinfonía de lluvias y granizos con tlaloques torbellinos por la pérdida de tu amada, nuestra Señora del Agua.
[1] El Tlalocatépetl es un volcán y un sitio arqueológico ubicado en el eje Neovolcánico de México, se encuentra entre los municipios de Texcoco e Ixtapaluca. Y es conocido entre los pobladores como Monte Tláloc, para los habitantes de Coatlinchán el monolito de piedra era la representación de la Señora del Agua.
El aliento de Tláloc[1] vuela… Las aves se resguardan… Los caracoles suenan, los ríos cantan. Perlas del cielo caen con cantos del mar. Despiertan ranas, hojas bailan, las tierras se mojan. Xopan[2], xopan, xopan, cantan los cielos. Danzan sus manos como cascabeles. Cuentas de jades brotan. Una tras otra las gotas a la tierra caen como brillantes piedras verdes preciosas.
[1] Tláloc es conocido como la deidad masculina de la lluvia representa los cerros, el agua y la fertilidad de las aguas que traen los cielos. Rige con su bastón los relámpagos, los truenos, el granizo y las tormentas.
[2] Xopan locución de la lengua náhuatl que aluce al “tiempo de verdor”.
Tlaoques[1] ayudan a repartir las aguas. Estruendos de lluvia suenan en los cielos.
¡Crash, crash! Jaguares rugen en las nubes, anunciando la música de la lluvia.
¡Crash, crash! Rugidos como truenos.
[1] Los tlaloques en la cosmovisión mesoamericana son los ayudantes de Tláloc. Se cree que son infantes encargados de repartir el agua de los cielos a través de lluvia en vasijas.
