El diálogo como superador de la polarización

Introducción

Vivimos actualmente en una sociedad que se halla sumamente polarizada. Algunos afirman que el gobierno debería solucionar todos nuestros problemas económicos, mientras que otros sugieren, más bien, que el gobierno nos debería «dejar en paz» para emprender nuestros negocios como nos plazca. Existen algunos que consideran que los seres humanos pueden llegar a ser cebras si se identifican subjetivamente como tales (Vidal, 2022), mientras que hay otros que consideran dichas posturas como absurdas, irrisorias y sin ningún tipo de fundamento en la realidad. Algunos dicen que los niños deberían poder ir a la escuela con el cabello largo o pintado (Bretón, 2022), puesto que eso no impide que estudien adecuadamente; otros dicen que eso no debería tener lugar, puesto que la escuela es formativa inclusive en ese sentido. Ciertos grupos dicen que las mujeres deberían tener el derecho de abortar; otros afirman que la madre no tiene derecho a quitarle la vida a su propio hijo. Hay personas que creen que el presidente en turno está generando un cambio importantísimo, y hay otras que sugieren que éste está llevando al país por derroteros peligrosos y que su administración misma puede considerarse como una gran debacle nacional.

En cualquier caso, todos estos ejemplos ponen de relieve que la sociedad se encuentra fracturada social, cultural, política e ideológicamente. Y esta fractura se ha recrudecido cada vez más, debido a que, progresivamente, nos encontramos con que hay menos apertura al diálogo con el otro. Paradójicamente, si bien es cierto que se está viviendo actualmente en uno de los momentos históricos en los que existe más acceso a la información, así como la mayor capacidad técnica de comunicación jamás vista otrora, también resulta verdadero que cada vez de manera más recurrente nos hallamos radicalmente distanciados unos de otros (Guan, Hein, Cabrera & Rodarte, 2019). Cada vez más dejamos de tratar a los otros como personas, y los tratamos como objetos manipulables e instrumentales para nuestros fines prácticos; dejamos de entender que, cuando diferimos del punto de vista de alguien, ese alguien tiene un proyecto de vida, sueños, ilusiones, miedos y esperanzas. Me olvido del otro en cuanto que otro ser humano. En parte, esta deshumanización del otro tiene una fuente multifactorial que no puede ser tratada en su totalidad en este pequeño escrito, pero sí quisiera sugerir que una de las razones insoslayables por las cuales la sociedad actual se encuentra en tal embrollo proviene de las redes sociales y la manera en la que éstas van configurando nuestras relaciones personales y nuestras prácticas dialógicas.

Las redes sociales, fake news y prejuicios

Algunas de las redes sociales más importantes trabajan a partir de ciertos algoritmos que clasifican y recomiendan contenidos. De esta manera, “estos algoritmos toman como entrada lo que al usuario le gusta, comenta y comparte, con el objetivo de maximizar el compromiso averiguando lo que a la gente le gusta y colocándolo en la parte superior de sus feeds” (Casillas, 2021). Esto parece inofensivo en un primer momento. Sin embargo, si pensamos con detenimiento, nos podemos percatar inmediatamente de que esto podría generar algunos problemas mayúsculos. Si el algoritmo sólo me presenta con material que confirma mis posturas políticas, sociales, económicas, etc., entonces eso significa que cada vez estaré menos expuesto a los puntos de vista de otras personas. Esto es lo que los psicólogos han llamado comúnmente sesgo de confirmación. Pero, si eso ocurre por un período muy prolongado de tiempo, puede que mi postura se afiance tanto en mi cosmovisión que termine por interpretar cualquier postura antagónica a la mía como simple y llanamente «ridícula». Desde luego que la percepción inicial de que el punto de vista del otro es falso se verá exacerbada por el sentimiento de que la postura que estoy sosteniendo en un determinado momento es bien acogida «por la mayoría» (es decir, lo que yo percibo que es «la mayoría» a partir de la información que el algoritmo me presenta). Sobre la base de este andamiaje conceptual, difícilmente sorprende escuchar que las redes sociales pueden “incita[r] al discurso de odio e incluso a la violencia étnica. Destruye familias. Y en lugares como Etiopía, está literalmente alimentando la violencia étnica” (Casillas, 2021), también “puede ser un contenido que difunda desinformación o que aumente la polarización” (Casillas, 2021) o ambas.

Es importante recordar en este punto que el llamado «discurso de odio» puede ir hacia ambos lados. De hecho, resulta irónico que, en muchas ocasiones, aquellos que impugnan algún discurso como «discurso de odio» terminan por bregar contra sus adversarios con armas muy semejantes a las que ellos mismos están supuestamente recusando. Por ello, es sumamente importante matizar nuestro análisis sobre el punto de vista del otro, no socavándolo sin antes haberlo escuchado cuidadosamente. En efecto, tenemos que entrar en el seno del diálogo no ya sin ningún tipo de sesgo o prejuicio (lo cual parece, más bien, imposible), sino siendo conscientes de que tanto nosotros como nuestro interlocutor tenemos prejuicios, así como suposiciones socioculturales y educativas que han ido configurando nuestro modo de ver el mundo. Asimismo, resultará sumamente importante tratar de entender cabalmente la postura del otro. Como se ha señalado con anterioridad, es muy fácil ser víctima de las fake news (noticias falsas), también es muy sencillo asumir cuál es el punto de vista del otro sin haberlo escuchado con atención. Hay que recordar la molestia de Shrek: «Me juzgan sin siquiera conocerme», para que podamos evitar ser víctimas de esa falacia.

Algunas recomendaciones

¿Cómo podemos, pues, evitar caer en el juicio inapropiado del otro? ¿Cómo podemos superar la polarización radical? En suma, ¿cómo podemos empezar a dialogar? Hay algunas recomendaciones que nos pueden ayudar en la búsqueda de una sociedad menos polarizada. En primer lugar, considero que todo comienza cuando nos damos cuenta de que todos tenemos prejuicios, y que eso no es necesariamente malo. Como dice el filósofo alemán Georg Gadamer: “‘Prejuicio’ no significa pues en modo alguno juicio falso, sino que está en su concepto el que pueda ser valorado positivamente o negativamente… Existen ‘préjugés légitimes’ [prejuicios legítimos]” (Gadamer, 1991, p. 337). El problema fundamentalmente consiste en creer que sólo nuestros interlocutores tienen prejuicios, especialmente si están en desacuerdo con nuestro punto de vista. Los prejuicios forman parte ineludible de nuestro horizonte simbólico, cultural y conceptual. Forman parte de la manera en la que percibo a los otros y la manera en la que percibo el mundo. Forman parte de lo que uno considera que es bueno y malo, correcto e incorrecto. Los prejuicios son parte de nuestra constitución cognoscitiva, afectiva, ética y psicológica. ¡Nadie escapa de los prejuicios! Si se busca tomar algunos pasos para evitar el colapso y deterioro social, debido a la polarización voraz que nos abruma a todos, es menester que entremos en diálogo con el otro, pero el diálogo debe darse a sabiendas de que todos venimos con prejuicios. En ese sentido, el primer paso para dialogar lo más «objetivamente» posible es percatandonos de que todos tenemos prejuicios, y que es el darnos cuenta de esto lo que nos permitirá avanzar en nuestro diálogo con el otro.

En segundo lugar, sugiero que es necesario que aprendamos a entender lo más claramente posible las posturas que no son las nuestras. Debemos tratar de evitar la falacia lógica del espantapájaros (u hombre de paja). La falacia del espantapájaros se da cuando uno crea un «espantapájaros» conceptual —como si fuera la verdadera postura del otro—, con vistas a destruir el argumento. Creamos un argumento que nadie sostiene y que es muy fácil de refutar. Es esto lo que debe ser evitado. Esto puede llegar a ser difícil, y seguramente muy pocos llevan a cabo esta tarea de manera perfecta. Sin embargo, debemos aspirar a reconocer que, por más equivocado que se encuentre alguien, algo de verdadero tiene su punto de vista. Esta percatación ha de instarnos a pausar por un segundo, para que tratemos de evitar juicios apresurados y generalizados. Si alguien dice, por ejemplo, que el gobierno debería simplemente «dejarnos en paz» para hacer nuestros negocios, seguramente podríamos generar un montón de objeciones con respecto a ese punto de vista: pero ¿qué pasa con los que necesitan asistencia gubernamental?, ¿no debería el gobierno pedir impuestos y ayudar con la infraestructura urbana?, etc. No obstante, resulta claro que el gobierno no puede tener el control de todas las vidas de las personas. Eso no sería óptimo ni deseable en lo más mínimo. Aquí hemos encontrado un matiz, una verdad que se hallaba enterrada en lo más profundo del argumento inicial que nos parecería en un primer momento tan repelente. De la misma manera, postulo que si tratáramos de encontrar lo que hay de valioso en el punto de vista del otro de manera más constante y consistente, sería mucho más fácil entablar diálogo con el otro, incluso si su punto de vista resulta diametralmente distinto del nuestro.

En tercer lugar, hay que buscar un diálogo con el otro cara a cara. Parte de la problemática propia de las redes sociales, me parece, está relacionada con la anonimidad virtual desde la que se interactúa muchas veces. El hablar desde un monitor de computadora sin nunca ver al interlocutor puede potencialmente generar niveles mucho menores de empatía, de tal suerte que uno termine por decir cosas que bajo otras circunstancias no diría, y expresándose de maneras que posiblemente no se expresaría en conversaciones cara a cara. Esto implica, por un lado, la necesidad de estar constantemente recordándonos que detrás de un perfil virtual hay posiblemente una persona que sueña, sufre, desea, ama y tiene ilusiones, esperanzas, y proyectos de vida como cualquiera de nosotros; por otro lado, esto también tiene que obligarnos, de alguna manera, a tratar de entablar relaciones en persona mucho más que las conversaciones a través de alguna plataforma digital. ¡Pidámosle a nuestro interlocutor hablarlo al calor de un café… o una chela!

Finalmente, la cultivación de uno mismo resulta fundamental para abrir el horizonte de posibilidades. Entender otras posturas termina, en última instancia, por interpelarnos de maneras muy radicales. Sugiero intentar leer bastante sobre los temas que a uno le interesan, pero también aprender a informarse sobre las posturas contrarias. Parece difícil, especialmente en México, donde el promedio de lectura de los mexicanos es, según los datos del INEGI, de 3.8 libros al año (García, A. K., 2018). Esto, empero, nos permite abrirnos el panorama a diversas perspectivas. Leer permite que el texto que leo abra un nuevo mundo de posibilidades, un mundo que podría potencialmente habitar y construir; permite expandir mis horizontes de sentido y entender por qué alguien más sostendría una postura diferente a la mía. En efecto, el estar cultivándose con la lectura de diversos temas nos permitirá hacer matices más interesantes en nuestras propias posturas, lo cual, a la larga, probablemente sea fundamental para un diálogo abierto y honesto. Si queremos vivir en una sociedad menos polarizada, sostengo que hay que empezar por uno mismo. Hay que empezar tratando de dialogar con el otro de manera abierta, matizando nuestras perspectivas, buscando entender y no simplemente combatir. Si no comenzamos ahora, nuestra sociedad se irá radicalizando cada vez más, generando regímenes discursivos tan diversos que será imposible cualquier diálogo, terminaremos violentándonos unos a otros. Sin duda, el cambio tiene que empezar con nosotros, el cambio tiene que empezar con el diálogo.

Referencias

García, A. K. (26 de octubre de 2018). ¿Cuántos libros se leen en México al año? El economista. Recuperado de ¿Cuántos libros se leen en México al año? (eleconomista.com.mx).

Bretón, A. (28 de agosto de 2022). ¿Los niños pueden ir con cabello largo o pintado a la escuela? El Universal Puebla. Recuperado de ¿Los niños pueden ir con cabello largo o pintado a la escuela? | El Universal Puebla.

Casillas, D. (14 de octubre de 2021). Cómo funcionan los polémicos algoritmos de Facebook. Publimetro. Recuperado de Cómo funcionan los polémicos algoritmos de Facebook – Publimetro Colombia.

Gadamer, H. G. (1991). Verdad y método. Trad. Agud Aparicio, A. y De Agapito, R., Madrid, España: Sígueme. 

Guan, S., Hein, S., Cabrera, J. & Rodarte, A. (2019) Social Media Use and Empathy: A Mini Meta-Analysis. Social Networking, 8, 147-157.

Vidal, M. (1 de septiembre de 2022). Cebri: la mujer transespecie que se considera cebra denunció a refugio de animales por no cuidarla. Heraldo USA. Recuperado de Cebri: la mujer transespecie que se considera cebra denunció a refugio de animales por no cuidarla – Heraldo USA.

LEER
La Revista
Anteriores
Contacto
El CUPS