Autora de las novelas Casas vacías (2018) y Ceniza en la boca (2022), Brenda Navarro es una escritora mexicana nacida en la Ciudad de México el 26 de febrero de 1982. Estudió Economía y Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México y una Maestría en Estudios de Género, Mujeres y Ciudadanía en la Universidad de Barcelona. Desde hace algunos años reside en Madrid y su obra, como ella, se mueve entre esos dos mundos: México y España. Además de su labor como escritora, Navarro ha desempeñado un intenso trabajo para visibilizar las creaciones de otras mujeres escritoras y contribuir, de esta manera, a erradicar la discriminación contra las féminas en un ámbito, el de la literatura, tradicionalmente monopolizado por hombres.
Su preocupación por los lugares socialmente concedidos a las mujeres y por las posibilidades que tienen estas de trascenderlos en la actualidad se deja ver claramente en su escritura. Casas vacías es, sobre todo, una reflexión sobre la maternidad. Se trata de una novela que desmitifica, que derrumba de un tirón las ideas que traemos preconcebidas de lo que una madre tiene que ser. Narra la historia de dos mujeres que sienten sobre sí la presión de una sociedad que les exige que tengan hijos, porque eso es lo que se espera de toda fémina. Esta presión social es la que las impele a ser madres, no un deseo o motivación personal. Sus maternidades son disidentes, pues contravienen las nociones tradicionalmente asentadas en torno a las madres. Una de ellas pierde, en un descuido, a su pequeño, que le es arrebatado por la otra, quien, a partir de ese momento, va a fungir como madre para el niño. Ambas difieren, pues, del arquetipo de madres sabias, que nunca se equivocan, todas abnegación y ternura. Son madres que se cuestionan sus maternidades y que terminan ocasionando la muerte de su(s) hijo(s) y siendo infelices a raíz de la decisión de tenerlo(s).
El tema de la maternidad, de manera muy similar, también atraviesa la segunda novela de Navarro, Ceniza en la boca. Este texto es el relato, desde una voz anónima, de una mujer que vive la violencia y la discriminación en su país de origen y que las vuelve a enfrentar, bajo otras formas, en el de acogida. Es una narración del duelo: la protagonista emprende un viaje interior que la ayude a entender el suicidio de su hermano adolescente, a hacer presente el cuerpo del ser querido que ha perdido. Así, el personaje recorre, en su memoria, la historia familiar, la niñez en México, la migración de la familia a España, el desarraigo y la amargura que esta experiencia supuso para ella y para Diego, su hermano.
Así, a manera de soliloquio, de flujo de conciencia de la protagonista, se presentan las vivencias de una familia cuyas relaciones han sido reconfiguradas por la migración. Después de enviudar, la progenitora emigra a España en busca de un mejor futuro y de nuevas oportunidades, mientras sus hijos permanecen en la casa de los abuelos. La mayor, aún niña, queda haciendo las veces de madre del hermano pequeño, Diego, en tanto que mantienen comunicación con la madre por vía telefónica y a través de redes sociales. Después de algunos años, esta decide llevarse consigo a unos hijos que han crecido sin ella, casi ajenos, que la recriminan por “abandono”, por no haber cumplido todos los roles que tradicionalmente se les ha asignado a las madres. Diego y su hermana finalmente se marchan, dejando atrás la casa familiar, los abuelos, los amigos de la infancia, lo conocido. Al llegar a España, se encuentran en una nueva posición: la del migrante, la del “panchito”, que no logra cumplir sus expectativas. Son especialmente difíciles las circunstancias de la joven, que comienza a insertarse en espacios sociales y mercados laborales en extremo injustos y discriminatorios. Junto a esta narradora-personaje, figuran en la novela otras mujeres: las que han quedado en México, las migrantes (la propia madre, las amigas, las “primas”) y las mujeres españolas. Las experiencias de todas ellas nos llegan mediadas por la voz desde la cual se focaliza la narración, la de la hermana de Diego, tan subalterna que ni siquiera llega a recibir un nombre en el texto. Así pues, este acto de contar que en principio es un ejercicio de duelo ante la muerte de un hermano, termina presentando un complejo entramado de relaciones familiares y sociales, en las que los migrantes, en especial las mujeres, ocupan un lugar de gran vulnerabilidad.
La joven revisa su vida y la de otras mujeres que han estado junto a ella y logra comprender a su mamá, que no es la madre normativa, la que la sociedad tradicional prescribe, pero que es su madre real, la única que va a tener. Su ejercicio de memoria la hace posicionarse en el lugar de las otras mujeres de su familia y comprender cómo, en las historias de todas ellas, están las mismas marcas de la opresión y la violencia. Por eso, hacia el final de su soliloquio la hija ha abandonado los estereotipos desde los cuales juzgaba a su madre y llega a entenderla y a agradecerle por lo que, con todo su esfuerzo, ha logrado hacer. Las errancias de la hermana de Diego, su paso por el dolor, hacen que alcance la madurez como mujer y la conciliación final que es el reconocimiento de su lugar en el mundo, de las escasas posibilidades de tener una vida que merezca la pena ser vivida: “Una vez que entiendes tu lugar en el mundo, la angustia de vivir te inmoviliza. ¿Cuál futuro? Está muy cabrón eso de vivir para el futuro porque ya te sientes inútil en el presente y miserable en el pasado” (Navarro, 2022, p.168).
Brenda Navarro les dice a los lectores las verdades que nadie quiere oír. Sus novelas son textos dolorosos, pero que, sin lugar a duda, vale la pena leer.
Referencias
Navarro, B. (2022). Ceniza en la boca. Ciudad de México: Editorial Sexto Piso.
