Los tres pesos

Había una vez un hombre que era muy flojo, no le gustaba trabajar y discutía mucho con su esposa, la última vez que discutió con su esposa ella le dijo: -tráeme dinero para que coman tus hijos, a lo que él le respondió: -pues voy a buscar trabajo, pero sí al diablo encuentro, a él le pido trabajo.

El hombre al salir de su casa se encontró a un catrín y tuvieron la siguiente conversación:

 –¿A dónde vas buen hombre? –dijo el catrín.

–Voy a buscar trabajo pues le dije a mi mujer que iría a buscar trabajo y que si encontraba al hombre le pediría trabajo –respondió el hombre.

 –Pues estás de suerte, yo soy el diablo y te puedo dar trabajo –añadió el catrín.

–¿Pues qué debo hacer señor? –respondió el hombre.

–Ve a mi casa a ordeñar unos toros y te pagaré $1.00 –añadió el catrín.

–Oiga señor, pero los toros no dan leche. –le respondió el hombre.

El hombre regresó a su casa y le platicó a su esposa lo que le había sucedido.

–Mujer, ¿qué hago? Si no cumplo con la encomienda, el diablo me llevará con él – dijo el hombre.

–¡No seas tonto! Haz un rosario de vidrios y cuélgalo en el cuello, corres y pasas en frente de su casa, cuando el diablo se asome por su ventana él te preguntará ¿a dónde vas buen hombre?, tú le responderás: “voy al pueblo, que mi padre está pariendo” –le contestó la mujer.

El hombre hizo lo que le dijo su mujer.

–¿Cómo que tu padre está pariendo? –añadió el diablo.

–¿Entonces cómo quiere que ordeñe los toros si ellos no dan leche? –le respondió el hombre.

–Buen hombre me has ganado, ten tu $1.00. Pero te tengo otro trabajo, mañana quiero que vengas a mi casa caminando y en caballo. –dijo el diablo.

Otra vez, el hombre regresó a su casa y le platicó a su esposa lo que le había sucedido.

–Mujer, ¿qué hago? –dijo el hombre.

– ¡No seas tonto! Saca el chivo del corral y vete montado en él, mientras irás caminando y montado, así cuando el diablo te vea le dirás: “aquí estoy señor, llegué a caballo y caminando –añadió la mujer.

–Así lo haré –le respondió el hombre.

El hombre siguió los consejos de su esposa y llegó a la casa del diablo, ahí tocó la puerta y salió el demonio.

–¿Ya estás aquí buen hombre? ¿Cumpliste con mi encomienda? –preguntó el diablo.

–Sí señor, aquí estoy, a caballo y a pie –añadió el hombre.

–Buen hombre, una vez más me has ganado, otro $1.00 –le respondió el diablo.

–Buen hombre, tengo otro trabajo para ti mañana, quiero que vengas a mi casa calzado y descalzo. –dijo el diablo.

El hombre regresó con su mujer y le platicó sobre su nueva encomienda.

–Mujer, ¿qué crees que me dijo el diablo? Mañana debo de ir a su casa calzado y descalzo –le dijo el hombre.

–¡Pues no seas tonto! Ponte los zapatos, pero quítales la suela –le respondió la mujer y así te vas a la casa del diablo. 

El hombre consideró las palabras de su esposa y llegó a la casa del diablo, tocó la puerta y salió el diablo.

–Buen hombre, viniste y cumpliste con mi encomienda –dijo el diablo.

–Sí señor, aquí estoy, calzado y descalzo –le respondió el hombre.

–Me has ganado otro $1.00 buen hombre y como no puedo contigo ¡ya no tienes trabajo! –concluyó el diablo.    

FIN

 

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