En una tarde de viento y lluvia, en medio de un bosque, el viento soplaba fuerte…, las hojas secas volaban, las ramas de algunos árboles se balanceaban de un lado al otro, parecía que serían arrancados del suelo de donde se sostenían. Tan fuerte silbó el viento que un pequeño árbol fue cayendo poco a poco, se le fueron saliendo sus raíces, una a una con un ¡crack!, ¡crack!, después se escuchó.
– ¡Ahhh!, fue un grito aterrador.
– ¡Amigo!, ¡Amigo! – gritaron al unísono los encinos, los pinos y otros árboles que agitaban sus copas abundantes de hojas.
– ¿Creo, que ya murió! -dijo el ahuehuete, que ha vivido más de 50 años y sabe los secretos del bosque.
-Pero ¿por qué?, preguntaron los demás árboles que seguían agitándose por el intenso viento.
El ahuehuete agregó: -Nuestro amigo, tenía unos parásitos que le estaban haciendo daño por eso cayó, sus raíces estaban débiles, por la intensa actividad de la agricultura del ser humano, que viene avanzando cada vez más hacia nuestro bosque.
– ¿Parásitos?, te refieres a nosotros los nemátodos, amigo ahuehuete, nosotros solamente aparecemos cuando las condiciones nos lo hacen posible, es nuestro hábitat, las zonas deforestadas, avanzamos cuando los suelos están enfermos y hay descontrol ambiental favorecido por el cambio climático.
En ese momento la lluvia paró y unos pequeños honguitos, discretos, serios, algo misteriosos, se incorporaron, e hicieron frente a esos seres parasitarios de los árboles.
-Ustedes señores nemátodos, no volverán a dañar más árboles, porque para eso estamos aquí, en los suelos, cuidando a nuestros amigos árboles para que realicen sus funciones ecológicas con nuestra ayuda.
– ¡Jajajaja!, ¡jajaja!, -se rieron los parásitos quienes continuaban devorando las raíces de otro pequeño árbol, que se quejaba del dolor.- ¿Ustedes quiénes son? y ¿por qué osan detenernos? Vamos bien, avanzando hacia la depredación del bosque, jajajajaja- reían a carcajadas aquellos parásitos villanos.
– Nosotros somos hongos micorrízicos, amigos fieles de los árboles, a quienes cuidamos y ayudamos a mantenerse sanos, por eso ya no dejaremos que avancen devorando a ese pobre arbolito. Estos valientes honguitos, entonces, se acercaron a los parásitos y comenzaron a luchar, mientras los demás habitantes del bosque veían el enfrentamiento. Al final triunfaron los pequeños hongos que con hilos resistentes estrangulaban a aquellos gusanitos.
Los hongos micorrízicos, explicó el ahuehuete, son nuestros amigos, no solo nos protegen contra patógenos, sino también ayudan a la restauración y conservación de los bosques, nos facilitan la adquisición de agua y nutrientes, mejorando nuestra salud y la calidad del suelo.
– ¿Entonces, estos honguitos nos van a salvar de una posible muerte? preguntó el encino. – Así es, explicó el ahuehuete.
– Pero… ¿cómo trabajan estos pequeños amigos? preguntó un arbusto cercano.
De repente saltó un tímido, pero intrépido hongo micorrízico y dijo: -Yo te explico, acerca tu raíz y escucha: Yo soy un pequeño hongo, casi invisible, pocos saben que existo, porque no estoy a simple vista, sino que soy discreto, pero eficaz, crezco en las raíces de las plantas, pero no para dañarlas, sino para ayudarlas.Recibo azúcares y otros alimentos ya procesados de las plantas y a cambio salgo a recorrer el suelo, pudiendo llegar a lugares profundos, hasta donde las raíces no alcanzan, y desde ahí, puedo transportarles “comida y bebida”, es decir, nutrientes y agua, ambos nos beneficiamos, a eso le llamamos simbiosis.
Entonces el viejo ahuehuete recordó y contó en voz alta cuando estuvo a punto de morir, aun era muy joven, y se micorrizó con estos admirables honguitos, logrado vivir por muchos años. Además, agregó: – ¡Sí, recuerdo, cuando estos pequeños amigos honguitos, me ayudaron, llegué muy chiquito, casi no había compañeros árboles, poco a poco fueron creciendo, y así se fue formando este bosque!
-Si no hubiera sido por ellos, hubieras muerto- dijo un pequeño ruiseñor que andaba volando alrededor y que escuchó la historia.
– ¡Así es amigo ahuehuete, continuó narrando el pequeño hongo algo rojizo, hay de varios tamaños, formas, colores y nos gusta ayudar!, lanzamos hilos muy delgados y pegajosos llamados hifas, que se extienden algunos metros en el suelo. Estos hilos son tan fuertes que se abren paso entre las partículas del suelo, y como son tan delgados, pueden entrar por cualquier huequito, formando una extensa red de comunicación, como una telaraña.
-Es verdad!, continuo el ahuehuete, esos honguitos se fueron extendiendo por los suelos, ayudando a los demás árboles, arbustos y hierbas, beneficiando también a troncos, hojas y frutos. ¡Y semillas que a mí me gusta comer concluyó muy feliz el ruiseñor que continuaba revoloteando y escuchando con atención!
-Con toda esta ayuda creció un hermoso bosque, se formó, se hizo grande, verde y con muchas hojas- dijo el viejo ahuehuete que se alegró moviendo sus ramas.
-Gracias a nuestros amigos del suelo, este bosque, creció y ahora es abundante y sano- dijo otro arbusto que agitaba sus hojas.
Así que ya saben amigos, dijo el ahuehuete con voz de mando y orgullo, siempre que piensen en héroes invisibles, discretos pero solidarios, piensen en esos honguitos llamados hongos micorrízicos, solo deben estirar sus raíces y dialogar.
Referencias
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