Siempre me ha parecido un concepto interesante: la pasión, nuestros vicios nos orillan a quererla arrastrar irremediablemente a las esferas de lo romántico, y no me malentiendan, la pasión sí que pertenece al terreno de lo sensual y de lo erótico, pero no tiene que venir acompañada de una pareja, sino de aquello que nos despierta los duendes bajo la piel, nos hace sentir que la vida vale la pena experimentarse en todos sus matices, que aquello que nos interpela nos transforma en entes que son capaces de tocar y transformar a otres. Nuestras debilidades también han llevado a que la ética salte por la ventana cada vez que nos infatuamos por los deseos más pedestres como poder, control, riqueza y dominio; la pasión, así como la creatividad, se convierten en paralelos increíbles en el espectro de lo imaginable: crear y destruir. Tan solo buscar sinónimos de la palabra pasión nos da una pequeña vista a lo que viene si elegimos enfrascarnos en debates sobre el término, cuando pretendemos asir un concepto tan… íntimo.
La filosofía tiene rostro masculino, y la masculinidad de Aristóteles (1) ve la pasión como un impulso que debe ser gobernado por la razón; la de Spinoza (2) lo denomina el apetito con consciencia de sí. Se antoja incluso una inclinación netamente femenina de la que escindirse en la racionalidad. Hegel prefirió apelar a las universalidades históricas (3) y determinó que esta dualidad no solo es fútil sino inexistente, puesto que representa la energía que se necesita mutuamente para plasmarse. Solo basta mirar la historia patriarcal del mundo para darnos cuenta de cómo las pasiones desbordadas, sin la infame sensibilidad de lo femenino, de lo natural, terminan por devorar lo que existe a su alcance.
José Antonio Marina titula «La historia se repite porque las pasiones se repiten» (4) a un artículo sobre política, movimientos sociales y la construcción o decadencia de imperios a raíz de una sola premisa: las pasiones personales. La mirada masculina, que absorbe, aprisiona y domina aquello que le encandila. Como una medida del ego, más que un deseo de intimar y conectarse con lo que le emociona. No aprendemos nada, nos rehusamos a aprender y nos negamos a enseñar (¿o a creer?) que puede ser diferente.
Recordé en esta reflexión que también se me intentó inculcar una educación religiosa —poco espiritual, en realidad— en la que denominamos «pasión» al terrible proceso de los últimos días de la figura central de la Fe Judeocristiana. El énfasis queda en el sacrificio y la brutalidad de la crucifixión y muerte, olvidándonos de la redención, el amor y el perdón… No hay nada más religioso que encarnar la fe en la culpa y el temor, nada más apasionante para los mercenarios emocionales que lucrar con los miedos de sus feligreses. Y es que, como dice Megadeth(5): «La paz vende, pero ¿quién compra?»
De la literatura romántica a la contemporánea, nos encontramos incesantemente con estas historias de desborde, intensidad y hasta violencia relegada al mundo carnal de los vínculos sexoafectivos. Pero luego las miramos nuevamente con el acompañamiento de personas como Judith Butler (6), Virginie Despentes (7), bell hooks (8) y caemos en cuenta de lo que nos han querido enseñar a introyectar estas narrativas; romantizar el esfuerzo mínimo, preocuparse por la estética del propio sufrimiento, aprender qué pasión significa consumirnos por otro, eso sí que es femenino…Todos estos aprendizajes y sus diversas perspectivas alimentan la fantasía y las comprendo a nivel racional, corporal; le hacen cosquillas a mi botón del incendio. Tantas posibilidades para abordarlo y tan poco tiempo; tantas visiones en existencia y tan poco tiempo para sumergirme en todas.
Entonces. ¿Qué es para mí la pasión?
Les cuento, sin más academicismo, qué me animó a escribir esto porque vulnerarme con desconocidos en búsqueda de darle sentido a mis propias reflexiones es mi pasión. (jaja)
Recién terminé de leer «La vegetariana», uno de los libros más populares de la más reciente acreedora al Nobel de literatura Han Kang y me descubrí hilando mis sentimientos, reflexiones, sensaciones y teorías a la ponencia «Híbridos y horrores: Una lectura cyborg de «Annihilation», misma que impartí hace unos días para el Programa Académico Psicología y Género de la BUAP. La frase de la película “no está destruyendo, está creando algo nuevo” me hizo click. Me sentí eufórica por la expectativa de poner al equipo a leer esta historia y compartirme sus propias ideas y sus malestares al avanzar la trama. ¿Qué cosas se me estaban escapando a mí, desde mi propia visión, desde mis limitadas epistemes, que estas chicas y chicos lograrán abonar a mi interpretación?. He pensado que quiero destruir a la academia desde adentro y los días de reflexión me lo plantearon más claramente: Quiero crear algo nuevo.
Ese fue el momento en que me pareció lo más lógico y prudente compartir mi propia visión de lo que es la pasión. Me apasiona aprender, me apasiona conocer, escuchar, ser atravesada, interpelada, desestructurada, reconstruida, confrontada e intervenida por las reflexiones de cuantas identidades me rodean. Me apasiona la posibilidad de generar conjeturas que posteriormente le harán sentido a alguien más, incluso las que me harán quedar como loquita del centro cuando inicio torpemente una perorata. No hay nada que me desborde más que la posibilidad de conectar desde lo emocional, lo afectivo, lo espiritual, lo intelectual… pero conectar con otras voluntades, con otras mentes y sus propias vulnerabilidades. En eso se ha convertido Psicología y Género para mí, en un pequeño laboratorio de alquimia en el que, quienes lo integramos, podemos alimentarle de nuestras debilidades, nuestras esperanzas, nuestros talentos y darle forma a algo que nos termine modificando. La propia hooks (9) lo enuncia: la pedagogía que merece la pena es copresencia y pasión compartida por el pensamiento en el encuentro de los cuerpos. Mucho más elocuente de lo que yo jamás seré.
No es perfecto, pero sigue en el proceso de hacer de las pedagogías de la libertad un modo factible de aprender, de conectar y de entender nuestra ética como parte fundamental de nuestra praxis, de lo que nos hace personas. Esa ruptura del academicismo para involucrarnos más allá de la dialéctica en el aprendizaje, esa minirevolución que me inspira a seguir. La pasión de aprender y de acompañar a otros en su aprendizaje, descubrí, que es lo que hace querer despertar cada día.
Referencias
1.- Trueba Atienza, Carmen. (2009). La teoría aristotélica de las emociones. Signos filosóficos, 11(22), 147-170. Recuperado en 03 de noviembre de 2024, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-13242009000200007&lng=es&tlng=es
2.- G. Deleuze: Spinoza: filosofía práctica, p. 28.
3.- Hegel, G. W.F., Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, Ed. Revista de Occidente, B. Aires, 1946. Traducción de José Gaos.
4.- Marina, J (2022, septiembre 23). La historia se repite porque las pasiones se repiten. Ethic. https://ethic.es/2022/09/pasiones-jose-antonio-marina-el-panoptico/
5.- Megadeth es un grupo de thrash metal, formado en California en 1983 por Dave Mustaine después de que fuera expulsado de Metallica
6.- Butler, J. P. (2001). El Género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Ediciones Paidos Iberica.
7.- Despentes, V. (2018). King Kong Theorie (C. Steinitz & B. Heber-Schärer, Trads.; 1a ed.). Kiepenheuer & Witsch.
8.- Hooks, B. (2022). Todo Sobre El Amor: Nuevas Perspectivas. Planeta Publishing.
9.- Florence, N. (1998). bell hooks’ Engaged Pedagogy: A Transgressive Education for Critical Consciousness (H. A. Giroux, Ed.). Praeger.
