Aunque la Filosofía es un saber que orbita nuestras escuelas, e incluso, nuestra vida diaria; pocos somos capaces de decir qué realmente entender por tal. Por regla general, se entiende a la Filosofía como cosmovisión, como una imagen general del mundo que surge del conocimiento que aportan otros saberes, científicos o no. Pero más allá del tal problema, resulta más urgente definir dónde surge la Filosofía, pues ello implica el reconocimiento de que existen pueblos que tienen el privilegio de ese saber mientras que otros no.
Un importante historiador de la Filosofía afirma que la mayoría de los estudiosos coinciden en que este saber, tanto como palabra como en significado, es una creación griega (Reale & Antiseri, 1995, p. 20). Si bien todos los avances civilizatorios de dicho pueblo no son diferentes a otras grandes civilizaciones del mundo antiguo, en especial de la India y China; la Filosofía emerge como un saber nuevo que no existía específicamente en otras civilizaciones. Se debe aclarar, por tanto, que ello no significa que otras regiones del mundo tuvieran avanzadas ideas científicas, de lo que se trata es del uso totalmente teórico de esos conocimientos.
Mientras que el sacerdote egipcio usa la trigonometría para construir una pirámide, o para calcular un área de cultivo; el filósofo griego abraza la matemática por el mero placer de saber. El mundo anterior a los griegos, si bien poseía abundantes conocimientos científicos, ellos tenían un carácter práctico, buscaban resolver problemas particulares. En Grecia, por primera vez, comenzaron a atesorarse conocimientos por el puro placer de conocer, lo que convierte a la Filosofía en el saber más inútil, pero mas importante de todos, pues se convirtió en el primer registro enciclopédico de la humanidad.
Ahora bien, ese conocimiento no nace de la nada, sino que se construye a hombros de gigantes. Los griegos era Pueblos de mar, y a través de procesos de colonización, ocuparon ciertos territorios en el extremo oeste de lo que actualmente es Turquía. Fue justamente allí, y no en Atenas, donde se nace el pensamiento filosófico. ¿Por qué ocurre acá de entre todos los lugares? Justamente porque dichas regiones tendían puentes entre el antiguo oriente y el joven occidente que se fraguaba. Fue aquí donde los pueblos helénicos (griegos) comenzaron a digerir ese conocimiento ancestral para adaptarlo a su particular visión de mundo. Por ello, si bien no existía, el conocimiento filosófico es profundamente deudor de Oriente (Buch Sánchez, 2011).
Una de dichas colonias era la ciudad de Mileto, ciudad mercantil en donde confluían numerosos pueblos y culturas. Acá surge el primer filósofo, y su filosofía estaba profundamente relacionada con el agua. Tales de Mileto (624-546 a.n.e.), gran sabio milesio, fue el primero en lanzarse a la fascinante aventura de la Filosofía. Predictor de un eclipse, y creador del homónimo teorema geométrico, consideraba que el fundamento del mundo era el agua. No podía ser de otra forma: si el origen del pensamiento filosófico es el desarrollo del comercio naval, y con ello el intercambio de conocimientos; era lógico que los primeros filósofos consideraran al agua como el fundamento del mundo.
Por ello, y a pesar de la afirmación del carácter teórico de este nuevo saber; en sus orígenes aun compartía el carácter práctico de Oriente, pues la Filosofía buscaba responder los misterios del mundo sobre la base de la situación circundante de los pensadores. Más adelante perdería la practicidad para convertirse en un saber profundamente teórico cuyas preguntas implicarían descubrir los misterios del ser, el número, y la naturaleza humana misma.
Otro elemento que separa la Filosofía de otros saberes es su relación con la religión. Consideremos un fenómeno natural como el rayo: en la religión griega, dicho fenómeno es una manifestación del dios Zeus; los filósofos, por su parte, buscan desentrañar los misterios del trueno para dar con sus causas naturales. Hay quien, sobre esa base, considera el mito (explicación fantástica de los fenómenos naturales) como un momento anterior al pensamiento filosófico. De ahí la famosa afirmación del tránsito del mito al logos (razonamiento) que ocurre en Grecia.
Pero, ¿Qué ocurre realmente en realidad? Ocurre que la fe, tanto como el pensamiento mítico, no son momentos anteriores a la Filosofía, sino que conviven con ella. Si bien el pensamiento filosófico dio paso al desarrollo de las ciencias y todas sus bondades contemporáneas. Se considera en la actualidad como un saber entre otros que tiene su espacio y su utilidad. Por eso, un pueblo por no tener Filosofía no es inferior, sino que su visión del mundo discurre de una forma distinta.
De ahí la importancia de polemizar sobre el inicio de la Filosofía. Sucede que muchos pensadores consideraron en el pasado que un pueblo era inferior por no tener conocimiento filosófico. Como si el “genio helénico”(Mondolfo, 1956) hiciera de dichas personas un pueblo especial. Mientras Grecia hacía filosofía, otros imperios crecían, construían monumentos y desarrollaban saberes científicos.
Ahora, y este es el enfoque opuesto, si bien existieron culturas que no contaron con dicho saber en la antigüedad. En los momentos actuales ningún ser humano debería de ser privado de la Filosofía. El deleite filosófico amplía las fronteras del pensamiento y pone a los seres humanos en relaciones con absolutos misteriosos como son la libertad o Dios, que a diferencia del mito o la religión, no se aceptan como tal, sino que se discuten: pues la Filosofía sembró la duda y la inacabable sed del constante conocer, para nunca más ser borrada del mapa de las más sublimes aspiraciones humanas.
Referencias
Buch Sánchez, R. M. (2011). Aprehensión de la Historia de la Filosofia con sentido ético-cultural. Ciencias Sociales.
Mondolfo, R. (1956). El genio helénico. Columba.
Reale, G., & Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico: Antiguedad y edad media. Herder.
Sobre el autor
Licenciado en Filosofía por la Universidad de La Habana, Máster en Ciencias Sociales en la propia institución. Actualmente cursa en Doctorado en Filosofía Contemporánea en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Ha sido profesor de Historia de la Filosofía, Marxismo y Estética. Además, posee numerosos artículos sobre disímiles temáticas que incluyen el psicoanálisis freudiano, el marxismo contemporáneo, Nuevo Realismo y Filosofía de las Ciencias.
