Luz de pequeñas velas a mi espalda iluminan palabras sabias y
canticos, un fondo sólido y una catacumba que hace alusión a
varias puertas. La presencia de cuerpos inesperados, allá atrás, más
almas que no conozco.
Mi vela y yo susurramos a nuestros corazones en otro idioma
uno que solo entenderían los enamorados.
Sé que en esa llama está la música que Él crea, la que escuchaba
incendiando a sus oídos de melancolía y sonido estelar.
En la pequeña chispa que sostengo existe el sabor de la voz del
hombre de la lengua castellana, exquisita en su poesía.
Las lunas me espían, las de Júpiter y Saturno se unen a la mía
conocen más luces, ellas me miran, su fuerza se enfoca en
mi cuerpo, entonan mi voz para cantarle a ellas y a mis dos amores.
Las plegarias se extienden a los oídos de la divinidad, se han juntado
las lunas en la habitación, rompen el techo para que pueda ver su
cielo, lunas que me acompañan engrandezcan
aún más su cuerpo, brillen iluminando sus caminos acudiendo al encuentro.
El que habita en el cielo me dará consejo y el que habita en la tierra me da un beso. Amo a los dos lados de mi vela, la del hombre de la poesía y el de la nobleza encarnada. La noche del 29 de abril la luna… mengua.
