El hombre de los ojos tristes

Sentado en una banca con la mirada perdida se haya un hombre trajeado, de piel pálida, cabello cobrizo y ojos tristes, junto a él se encuentra un lugar vacío. Dudo un momento pero decido acercarme, ha sido un día largo y necesito descansar, me acerco y una extraña sensación me invade -Disculpe ¿Puedo sentarme?.-El hombre asiente sin mirarme perdido en sus recuerdos, yo hago lo propio, me coloco a su lado y suspiro, miro a mi alrededor, la gente camina apresurada cargando flores y veladoras, comprando y conversando, me siento ajeno, como flotando en medio de la vida, de pronto el hombre parece escuchar algo, rápidamente se pone de pie buscando más allá de lo que ven sus ojos, aquello que tanto anhela, finalmente se rinde al no hallarlo y vuelve a su sitio frustrado -¿Está esperando a alguien? ¿Qué es lo que ha perdido? – el hombre solo me ignora y voltea a ver al suelo -Sabe, yo también he perdido algo, pero ha sido hace tanto tiempo que ya olvidé lo que buscaba, a veces lo encuentro en el aroma del viento, en el verde de las hojas o en el correr del agua, viene acompañado de un tinte de nostalgia pero ya no de tristeza, cargaba con tanto y tan poco y lo he dejado atrás, pero dígame ¿Por qué está usted triste?.- nuevamente el hombre se mantiene calladlo, así que decido no insistir más y darle su espacio. Miro al horizonte, los brillantes colores que adornan el paisaje, el aroma dulce y ese bello resplandor de la flor de mil pétalos, escucho que el hombre tose y vuelvo a mirar a donde se encuentra.

– ¿Está usted bien? – Nuevamente, no hay ninguna respuesta.

Él tiempo pasa y una lágrima rebelde resbala por la mejilla del hombre de ojos tristes, trato de llamar su atención, pero solo continúa ignorándome, la luz comienza a esfumarse y poco a poco el camino de luces comienza a formarse. El hombre se mantiene estático en aquella banca, absorto en sus recuerdos, de la nada parece recordar algo y mete la mano en su bolsillo, saca una vieja foto y comienza a desdoblarla, cuando ha completado su tarea le es imposible contener el llanto, acaricia la foto como si su vida dependiera de ello y suspira -Prometimos estar siempre juntos ¿lo recuerdas? Oh, mi bella Dalia ¿por qué nuestros caminos se han separado? ¿Por qué tuvimos que dejarnos? Mi corazón yace en tus manos, oh querida mía. –

Puedo sentir la tristeza del hombre y me es imposible no perderme en su amarga pena, poso mi mano sobre su hombro y él voltea a verme – ¿A qué has venido? ¿Es que acaso pondrás fin a mi tristeza?

-Solo soy un viejo amigo que ha venido a hacerle compañía.

– ¡Has venido a burlarte de mí, no trates de engañarme!   

-Jamás haría algo así, como he dicho solo soy un compañero momentáneo

– ¿Has venido a tenerme lástima?

-Solo me encuentro de paso, he venido a recordar ¿Tú a qué has venido?

-Yo he venido a olvidar, ya no quiero sentir.

-Es curioso, sabes, mientras yo trato de recordar aquello que es valioso tú buscas olvidar lo que yo trato de hallar ¿De qué sirve vivir si no vives realmente?

-No es mi culpa que ya no pueda ser feliz, es culpa de la muerte por arrebatarme mi felicidad.

-No podemos controlar cuándo lloverá, pero si como nos cubrimos de la lluvia, podemos desear que algo no ocurra, pero no por ello podremos evitarlo tanto en la vida como en la muerte hay cosas que no podemos controlar, pero sí podemos decidir la actitud que tomamos hacia ellas, la vida y la muerte son como dos hermanas tienen descontentos y pueden pelear a veces, pero necesitan la una de la otra ¿cuál sería el sentido de la vida si no tuviésemos que enfrentarnos a la muerte? ¿Y cuál sería el sentido de la muerte si no te enfrentas a la vida?   

 

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