La amistad entre mujeres es política

Las relaciones de pareja entre mujeres, tal como las concebimos ahora, son un paradigma sobre el que afortunadamente estamos comenzando a cuestionarnos. Hemos dedicado mucho menos a la reflexión de las amistades entre mujeres y consideramos que aún falta mucho por preguntarnos sobre ellas, por ejemplo, ¿por qué las hemos colocado jerárquicamente por debajo de otras relaciones en las que nos involucramos o qué tipo de amistades entre mujeres tenemos ahora y cuáles deseamos construir?

Para empezar, compartimos la noción de Margarita Pisano, quien nos dice que “la amistad […] se construye con un pie en lo privado y el corazón, y el otro, en lo público-político del pensar… del pensar juntas. Con todo lo que esta dimensión conlleva de valores y de responsabilidades sociales y humanas” (citada por Gaviola, 2018, p. 6). Tal como ella, planteamos que es necesario politizar la amistad entre mujeres para identificar algunos problemas dentro de ellas, así como para proponer cómo atenderlos.

El sistema cultural reproduce comentarios negativos sobre las mujeres que escuchamos desde muy pequeñas: que somos malas, envidiosas, traicioneras; que la peor enemiga de una mujer es otra mujer; que juntas ni difuntas, etc. Al respecto, cuando decodificamos el mensaje nos damos cuenta de que no solo se nos pide que no seamos amigas, sino que compitamos, nos comparemos, nos envidiemos, nos enemistemos, es decir, que nos tratemos patriarcalmente entre nosotras. Por ejemplo:

[…] como parte de la misoginia internalizada, las mujeres medimos a la otra con [los parámetros] que nos impone el patriarcado. En este constructo, las mujeres tendemos a rechazar, devaluar, negar u odiar a la que habla fuerte, a la que tiene ideas propias, a la que discute con pasión y sin concesiones, a la que cuestiona y vive su vida con independencia y autonomía atreviéndose a ser, pensar y actuar, fuera de los códigos de la feminidad impuesta (Ibíd. p. 11)

En otras palabras, a lo largo de nuestras vidas, las mujeres aprendemos a enjuiciarnos a partir de cómo concebimos que otras deben ejercer su libertad, sin embargo, si miramos la dimensión colectiva de este maltrato, nos damos cuenta de que al condenar la libertad de otras estamos condenando también la nuestra, porque si algo compartimos, en mayor o menor grado, es un sistema de opresiones.

Con esto puntualizamos que el sistema cultural se propone dejarnos sin la posibilidad de establecer lazos significativos entre nosotras para impedir que construyamos alianzas o comunidades desde donde hacer frente a las violencias vividas, cada una en su contexto. Por esto

hablar de la amistad política es hablar de un proceso que arranca en el encuentro y en la necesidad urgente de cambiar de signos la vida y la historia, pasando por la construcción respetuosa de confianzas y querencias mutuas que se van perfilando en el camino del descubrimiento de la otra, de una misma y de una genealogía de mujeres (Gaviola, Ibíd., 10)

Si pensamos que “la amistad y el cariño […] son lazos de libertades” (Pisano, 2015, p. 6), podemos replantearnos dejar de replicar el maltrato entre nosotras, aunque en este momento no sea del todo real en el caso de las amistades entre mujeres, porque desafortunadamente hemos sido enseñadas a vivirlas desde prácticas patriarcales. Politizar las amistades entre mujeres nos permite identificar estas prácticas, tales como la jerarquización y la idealización, pero también fantasear con mejores amistades entre nosotras.

Des-Jerarquización

Desafortunadamente, a las amistades se les ha restado importancia porque asumimos que merecen menos tiempo y cuidado que otras relaciones, que implican menor responsabilidad afectiva y, por ende, que no es necesario establecer límites y acuerdos explícitos para llevarlas a cabo. Sin embargo, al tratarse de uniones afectivas voluntarias, las amistades requieren de autoconocimiento, así como de reconocimiento de los valores y las prácticas deseables durante el vínculo, tales como el amor, la confianza, el cuidado, la ternura, la honestidad, la reciprocidad, el diálogo, el respeto, la compasión, etc. Con esto en mente, deseamos tomar consciencia de nuestra parte de responsabilidad para desjerarquizar las amistades entre mujeres en relación con otras como las de pareja.

Des-Romantización

Por otro lado, proponemos que al momento de construir amistades con mujeres evitemos caer en el error de idealizarlas asumiendo que son libres de violencia por sí solas, para erradicar la violencia entre mujeres es necesario despatriarcalizar sus vínculos. En ese sentido, reconocer que existe violencia en ellas nos permite preguntarnos: ¿cuáles son las prácticas patriarcales que cada una ha ejercido con sus amigas y cuáles han ejercido ellas en nosotras?

Identificar las violencias reales, a su vez, nos permitirá reconocer que hemos sido violentadas y violentadoras alguna vez, por lo que al momento de establecer horizontes para la construcción de nuevas amistades, partiremos de posiciones más congruentes y comprometidas con erradicar la violencia, considerando que no queremos para nosotras lo que no queremos para otras. Es decir, partiremos de la consciencia y la importancia de cuidarnos para  que otras no nos violenten, así como cuidar no violentarlas.

Cabe aclarar que con esto no postulamos que todas seremos amigas, más allá de lo deseable que esto pudiera parecer, no consideramos que la raza o la clase, etc. lo vuelva posible, sin embargo, planteamos que el maltrato entre nosotras aumenta la posibilidad de ser violentadas y por eso tenemos que reconsiderar nuestros tratos.

Politizar la amistad

Sabemos que la amistad entre mujeres, así como la proyectamos parece una utopía, y lo es puesto que es una propuesta “subversiva [que] subvierte lo real y abre un mundo de nuevas posibilidades” (Íbid. p. 22). Esto significa que construir amistades libres de violencia contemplará otros parámetros para amistarnos, nuevas formas para resolver conflictos, incluso para establecer acuerdos para dejar de ser amigas, si es necesario, pero desde posturas éticas y respetuosas.

Así, politizar nuestras amistades en este momento histórico supondría despatriarcalizarlas, lo que en términos prácticos se traduciría en mejorar nuestras relaciones en el plano individual pero también en el colectivo, pues estamos acostumbradas a cuidar a otros, pero no a nosotras mismas, ni cuidarnos mutuamente. La corresponsabilidad y la reciprocidad podría permitirnos erradicar la crueldad y la permisividad de nuestras relaciones con otras, pues estaríamos dispuestas a revisarnos individual y colectivamente de manera simultánea, con la finalidad de disponernos a dar y recibir lo que realmente deseamos para nuestro bienestar.

Beneficios de politizar la amistad entre mujeres

Al igual que Francesca Gargallo, tenemos la certeza de que “nuestro feminismo no ha llegado a la autonomía” (1991, p. 23), pero sostenemos que la amistad entre mujeres es más que una relación afectiva porque es también una posibilidad de construir mayor autonomía juntas en el contexto actual. En ese sentido, entendemos la amistad entre mujeres como una relación política que nos dice mucho de cómo internalizamos el patriarcado y la misoginia en nosotras; de cómo nos tratamos a nosotras mismas, cómo dejamos que otras nos traten y cómo tratamos a las demás, además de que nos da pistas para expulsar al patriarcado de nosotras en términos prácticos.

Las jóvenes y sus fantasías políticas

Entendemos por fantasía a toda aquella sensación que “nos notifica de las capacidades de cambio que tenemos como personas y como sociedad, también [aquella que] da cuenta de que lo que una está viviendo no lo quiere” (Pisano, Ibid., p. 25). En ese sentido, las denuncias hechas por las jóvenes nos invitan a reflexionar ¿por qué hemos asumido que ellas no tienen reclamos para sus sistemas políticos?, y también a detenernos a comprender sus fantasías.

Las amistades entre jóvenas son políticas y potencialmente rebeldes, más de lo que nos imaginamos; probablemente ellas lo saben, no por nada una de sus reivindicaciones en las manifestaciones políticas feministas ha sido declarar públicamente: “la policía no me cuida, me cuidan mis amigas”. Algo deben estar viendo las mujeres jóvenes en la amistad como una alianza de resistencia colectiva en respuesta a los ataques del patriarcado.

Quizá sea momento de aceptar que nuestro edadismo y adultocentrismo nos ha impedido escuchar a las jóvenes, también nos ha imposibilitado dejar que nos recuerden cómo arder en preguntas, pero sobre todo cómo pensar y hacer otros mundos y relaciones posibles entre nosotras.

Las formas de relacionarnos que hemos practicado hasta ahora no han funcionado. Es un hecho que la competencia y la enemistad nunca han sido útiles para nosotras, ni tampoco están beneficiándonos aquellas relaciones feministas que siguen reproduciendo, bajo nuevas formas, violencias patriarcales como la culpa, el miedo, la manipulación, las deslealtades, el chantaje, la venganza, el utilitarismo, etc.

Después de todo, vemos cómo politizar la amistad viene de las más jóvenes, de la mano de revisar nuestras relaciones y basarlas en el cuidado y en la ternura radical para dejar la soberbia y la crueldad intergeneracional de lado, para resarcir las ridiculizaciones hechas a la sensibilidad política de las  juventudes. Coincidimos en apuntar, como ellas, que de lo que se trata es de abandonar aquellas relaciones superficiales, aquellas compañías violentas y dolorosas, todas aquellas amistades que no estén dispuestas a ser revisadas ni replanteadas para ser libres de violencias alguna vez.

En toda amistad entre mujeres debe haber un proceso de revisión continua de las individuas y de la relación, que permita monitorear las pautas y cambiarlas en función del bienestar individual y colectivo de las partes involucradas. Estas nuevas relaciones deben considerar, por un lado, la noción de que el “desprendimiento es parte importante del proceso de cambio de una cultura a otra” (Pisano, Ibíd. p. 24), y por otro que “construir respeto y horizontalidad implica un esfuerzo cotidiano de deconstrucción […] fundamentalmente válido en la amistad y en el amor” (Quintero citada por Gaviola, Ibíd. p. 12), en aras de un cambio civilizatorio.

Por lo tanto, a manera de conclusión, percibimos que lo que nos hace falta es despatriarcalizar las amistades entre mujeres, lo que significa politizarlas; es decir, desmitificar que las mujeres no pueden ser buenas amigas, dejar de romantizar las amistades entre mujeres, reconocer las violencias internalizadas para erradicar los maltratos entre nosotras, conocernos para poner límites y respetar los de otras, aceptar el disenso como posibilidad para mejorar el diálogo y la resolución de conflictos, estar dispuestas a decir y escuchar activamente los sentipensares para llegar a acuerdos respetuosos de reconocimiento mutuo, reconocernos merecedoras de afecto y de respeto, permitirnos dar y recibir afectos y cuidados, compartirnos fortaleciendo las autonomías, despedirnos éticamente, etc. Para esto necesitamos: apertura al diálogo, amor a la libertad, deseos de construir relaciones armónicas  y libres de violencia para el bienestar y desarrollo integral de todas las mujeres.

Desde nuestro punto de vista, reflexionar sobre las amistades entre mujeres es político, porque al seguir siendo una de las formas más libres de relacionarnos hasta el momento, nos permite explorar quiénes somos y qué necesitamos individualmente para encontrar formas de resolverlo colectivamente. Son  políticas también porque implican ejercer la libertad al decidir cómo queremos vincularnos entre nosotras desde nuestros deseos, necesidades, perspectivas y parámetros propuestos entre mujeres de todas las edades.

Nada en el sistema patriarcal se despatriarcaliza por arte de magia. Las amistades requieren de nuevos pactos, de tiempo para ser reflexionadas, de convicción y de disposición constante para cambiar sus configuraciones indeseables, y de imaginación para volverlas agradables y vivibles.

Referencias

Gargallo, F. (1991). “Las jóvenes en el feminismo” Argentina, Revista Fem, Año 14, No. 98, pp. 23-24.

Gaviola, Edda. (2018). “Apuntes sobre la amistad política entre mujeres”, A nuestras amigas. Sobre la amistad entre mujeres. Buenos Aires, Pensaré Cartoneras, pp. 5-31.

Pisano, M. (2015). Fantasear un futuro: Introducción a un cambio civilizatorio, Chile, Editorial Revolucionarias.

 

Glosario

Adultocentrismo: supremacía social de los adultos por encima de las infancias y las adolescencias.

Cuidado: conjunto de actividades orientadas al bienestar de una persona o de una relación.

Clase: grupo social o sistema de relaciones sociales jerárquicas o de dominación social basado en la propiedad privada.

Desjerarquizar: desmontar el orden jerárquico que valora unas relaciones por encima de otras.

Despatriarcalizar: desmontar las relaciones sociales de dominio de base patriarcal donde el poder masculino afecta negativamente a las mujeres en múliples sentidos y ámbitos.

Desromantizar: desmontar la idealización de algo o alguien.

Etarismo: refiere a la discriminación por razones de edad.

Genealogía: es el estudio y seguimiento de la ascendencia y descendencia de una persona o familia con la finalidad de entender el lugar que se ocupa en el mundo y las relaciones de poder involucradas.

Raza: grupo social de personas que asumen características físicas o identidades socioculturales y orígenes ancestrales similares compartidos con la finalidad de reivindicarse colectivamente en contraposición a la discriminación recibida por los mismos motivos.

Ternura radical: reconocer la vulnerabilidad propia y ajena desde un punto de vista que valora la sensibilidad como una cualidad y no como un defecto y que reestablece el amor, el cuidado y el cariño como una forma de resistencia colectiva.

 

Reseña

Montserrat Escobar Maitrett es maestrante en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la FES-Acatlán, UNAM. Está interesada en los estudios de las filosofías políticas, los movimientos políticos y las expresiones artísticas que abonen a la construcción de genealogías rebeldes para la emancipación de las mujeres en México y América Latina.

 

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