Me quede ahí en el horizonte bajo el sol naranja
y sus tonos amarillos, mirando a mi lado
sin ver cuerpos que me acongojen
al menos el alma.
No hay caricias sencillas que hagan al momento perfecto,
miradas necias que no soporte o iluminen el rostro,
ni una fuerza incandescente en los brazos sosteniendo
la dulzura.
Si dedicar mis palabras al cuerpo, en consecuencia, no es más
que tener un motivo para construir al amor, se las diré a tu cuerpo.
piernas ligeras y voces cercanas que pueblan mi vientre.
¿Qué debo hacer ante tus manos y boca?
amarro mi cuerpo al árbol del deseo y amor, en él
es imposible no ver por sus intersticios estrellas que
presumen sus ojos, su voz jala mi virtud hacia
su hiriente distancia.
En el movimiento de labios conquistar tu palabra
volviéndola mía, cesando su egoísmo girando
hacia mi tu destino.
