La visita

Nosotros éramos 6 hermanos, vivíamos en la colonia Gonzalo Bautista, en ese tiempo no había muchas casas, ya se estaba poblando, pero había mucho campo todavía, muchos lugares llenos de flores.

Mi mamá murió en mayo del 73, a raíz de que ella murió, la gente de la colonia nos empezó a decir que la veían caminando en el patio de la casa, mucha gente nos lo dijo, incluso nos llegaron a decir que la veían bien, que no la veían sufriendo. Mis hermanos llegaron a verla también.

En ese tiempo, desde que mi mamá murió, me quedé a cargo de mis hermanos, yo era la que se acostaba al último y la que se levantaba primero, sufría de mucho insomnio, supongo que por las circunstancias. Tenía 13 años.

Mi cama estaba junto a la ventana. En la recámara donde dormíamos mi hermana y yo había dos ventanas, mi cama estaba junto a una de ellas. Cuando no podía dormir me gustaba ver el cielo y las estrellas por la madrugada, incluso abría la cortina para poder ver.

Una noche, estaba sentada en la cama, recostada en la cabecera viendo las estrellas y sentí que me estaban viendo, sentí una mirada intensa. Entonces, volteé hacia la puerta que daba a la recámara de mis hermanos y estaba cerrada, la luz de la luna entraba por la ventana, donde estaba la cama de mi hermana, y alumbraba bien esa puerta.

Yo volteé y vi a alguien que estaba ahí, tenía su brazo derecho doblado y tenía una especie de sábana, como un velo, pero al mismo tiempo se veía la puerta, yo podía ver la puerta a través de él. No sentí miedo, la luz de la luna le daba en sus ojos y sus ojos brillaban, me estaba viendo como con intriga, como preguntándose quién era yo, así se le veía su gesto.

Aunque yo podía ver la puerta, no me dio miedo, estaba muy tranquila, lo único que pensé es que era mi hermano el mayor, porque él sufría en ese tiempo de sonambulismo, se paraba, salía dormido, hacía cosas y al otro día no se acordaba. Yo pensé que él era y le hablé, le dije “Tú qué estás haciendo ahí, vete a dormir”. Cuando le dije eso, claramente, vi cómo se volteó y cuando me dio la espalda ya no lo vi, desapareció, ya sólo vi la puerta normal. Entonces, ya ahí sí me dio miedo.

Al otro día le pregunté a mi hermano mayor que si él había ido a mi recámara en la madrugada, él me contestó “no, ¿yo por qué tendría que ir a tu cuarto?” Después les comenté a mis hermanos lo que había sucedido, ellos me decían que seguramente había sido mi mamá, pero no, yo no vi que fuera mi mamá, era alguien desconocido, como robusto, no era una mujer, definitivamente no era mi mamá.

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