Descubrimientos

Vaya que el tiempo vuela. Justo hace un año salía de la secundaria, una etapa bastante complicada, en la que todo lo acontecido me hizo sentir sumamente aislado y vulnerable. Fue esa etapa la que me hizo querer dos cosas: la primera, salir de la rutina; y la segunda, aún más importante, querer ayudar. Por eso, el CUPS cayó como anillo al dedo, no fue necesario ver el vídeo de invitación para querer ser parte del proyecto, cada vez que explicaban otro punto, mi respuesta era la misma: jalo.

Como dato, en mi primera capacitación tuve un gran spoiler de la campaña ya que acabé perdido y empapado, cosa que ahora, en campaña, es de todos los días. Nunca fui acompañado a capacitaciones por lo que en ocasiones era tedioso, pero todo cambió tras la avanzada porque ya tenía más claro el por qué ir, no solamente la convivencia fue increíble, no sólo las vistas eran hermosas, el censar era una experiencia inigualable, pero está de más explicarla, pues estoy seguro de que todos, los que fueron, sintieron lo mismo o algo similar.

Ahora estoy aquí durmiendo con randoms en camas colectivas, bañándome en una primaria, peleando con perros a palos, piedras y pizarrones. Pero sin titubear puedo decir que es la mejor decisión que he tomado en mi vida, pues me he embriagado… de experiencias, experiencias que en la monotonía de la vida cotidiana, jamás pensé vivir. El tiempo no da para decir cada una de ellas, pero esos recuerdos siempre vivirán en mi mente y sé que estaré dispuesto a contar a cualquiera con dos centavos de interés.

En este momento, quiero contarles lo que más me ha marcado a lo largo de esta campaña. Supongo que conocerán la historia de Malala, y es que suena tan lejano y hasta irreal, imposible de que este lado del mundo sucediera… o eso creía.

Un día le mostré la biografía de Malala a mi alumno Erasmo, y él dijo “como yo” y como dirían los ñores, me cayó el 20. Y es que la diferencia era mínima, y no sólo como él, mis cuatro alumnos tuvieron la misma historia, fueron obligados a dejar la escuela, obligados no sólo por sus familias, también por el hambre. No sólo son mis alumnos, ni los suyos, son cientos y miles de personas, que tristemente tuvieron que elegir entre comer o estudiar, y lo pondré más claro ¿ustedes qué prefieren? comer ahora o estudiar para un mañana que puede no existir.

Lamentablemente, ese mañana llegó y a ellos, nuestros alumnos, fue a quienes peor se les trató. Por eso estamos aquí, pues para ellos la elección nunca estuvo allí, sin embargo, la consecuencia sí.

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