Autor: Usiel López
En mis años de niñez, el troje de mi abuelo fue uno de los mejores escenarios y espacios para echar a volar nuestra imaginación junto a mis vecinos “el ganadito”, “Chais”, “Alitas”, “Tomatito”, y demás loquillos. Tomábamos por asalto este punto estratégico que en sus entrañas resguardaba el alimento, las semillas, el futuro y la vida de toda una familia.
