¿Es la tecnología algo fuera de lo humano?

En lo contemporáneo la relación de lo humano con la tecnología se ha vuelto cada vez mucho más capilar. Ya no es solamente relevante para el técnico, sino también para el usuario de a pie es importante reflexionar sobre esta relación. El miedo que acompaña a cada cambio en la rutinaria vida habitual nos hace preguntarnos hasta qué punto esta relación es una amenaza para nuestra forma de vivir. Es, por lo tanto, necesaria una reflexión desde la filosofía para problematizar esta potencia con que cuenta la humanidad sobre su capacidad de generar técnica, tecnología y aparatos técnicos. Usuarios y diseñadores tienen una responsabilidad para la cual la ética debe ser una brújula que guíe el camino hacia la buena vida más allá de la lógica de la explotación y el consumo.

La aceleración del desarrollo de la técnica, la tecnología y los artefactos técnicos desde el siglo pasado son una preocupación constante en el imaginario social. Si bien, hemos visto las capacidades de destrucción que este desarrollo ha provocado, también basta con mirar a nuestro alrededor para reconocer que nuestra vida humana está totalmente basada en la transformación de nuestro entorno con fines de extender la comodidad de la vida humana.

El miedo a la tecnología se ha patologizado en los últimos años como “tecnofobia”, fobia digital, ciberfobia o tecnoestrés. Sin embargo, debemos tener claro de manera histórica cómo a lo llamado humano le es inherente la tecnología y cómo en lo contemporáneo es prácticamente imposible volver a un estado de técnica primitiva alejado de la tecnología. En su obra más extensa Esferas (2009) Peter Sloterdijk desarrolla esta relación bajo cortes históricos que muestran cómo la técnica y la vida humana se han vuelto más complejas a lo largo del tiempo.

La especie humana proveniente de los homínidos se distingue por su facultad de transformación del entorno. Si bien, cada animal cuenta con una característica particular para poder sobrevivir dentro de un hábitat particular, el humano ha sido dotado de la capacidad intelectual para transformar lo que lo circunda.  Somos, en palabras de Nietzsche, “animales indeterminados” que bajo distintas antropotécnicas hemos transformado el espacio en el que vivimos y también el cuerpo que habitamos; nos extendemos gracias a los medios, los artefactos técnológicos como la ropa, las herramientas, la casa, los transportes, los medios de comunicación.

Esta capacidad nos permite trascender como especie los límites a los que otras especies se encuentran atadas. Pero esta capacidad es también una responsabilidad moral y ética. Si bien, gracias a la técnica y la tecnología el día de hoy se puede salvar una gran cantidad de vidas, también es esta capacidad la que podría poner fin a la humanidad, por medio de la gran capacidad de destrucción con la que cuentan las armas de naciones poderosas que se amenazan unas a otras con la destrucción de sus territorios.

Sin embargo, el miedo a los cambios y a los avances de la técnica y la tecnología no son nada nuevo. Al ser humano este temor le ha acompañado toda su existencia. Es necesario recordar que desde el mito y la religión siempre se ha pensado lo nuevo como una transgresión que puede terminar en un castigo. En la Antigüedad, recordamos tanto a Epimeteo como a Prometeo, castigados por los dioses por otorgar a los humanos capacidades que harían transgredir su primera condición. En la Edad Media, el desarrollo de muchos avances fue mermado y castigado por la religión. Pero desde el Renacimiento y la Ilustración los desarrollos del “hombre” como figura central brindaron un crecimiento narcisista a la humanidad, que se ha volcado a la transformación de su entorno sin pensar en las consecuencias de lo que ello implica para quienes le rodean, incluso al ser de su misma especie, pero no considerarle en el mismo escalafón de valores.

En el mundo contemporáneo esto se cuestiona, porque podemos ver sus consecuencias. Si bien, cada época cuenta con características positivas y negativas, podemos ver que el ideal del humanismo y la Ilustración se han visto en peligro gracias a que la obsesión de éstos por la figura del hombre conllevóal maltrato a toda otra figura que le rodeara.  El pensamiento del presente se sitúa crítico ante el antropocentrismo que conllevó la destrucción y explotación de la naturaleza. Las formas de vida no occidentales bajo el ideal de progreso que nos ha llevado a un consumo desmedido donde el capital ha cobrado más importancia que la vida humana.

Esta situación se presenta con urgencia en el pensamiento contemporáneo, en el que múltiples aproximaciones buscan una alternativa para el mundo interconectado, hiperacelerado y de múltiples exigencias en distintas variantes para quienes lo habitamos.

Por esta situación se plantea un pensamiento posthumanista con la intención de aprender de los errores del pasado y modificar el rumbo de explotación con el que se ha llevado hasta el día de hoy el camino de la técnica, la tecnología y los objetos técnicos. Es necesario recordar la función medial del humano en esta situación ya que los objetos técnicos que se diseñan son la transformación de materiales para construir estos elementos, pero son fruto del trabajo humano de diseñadores que tienen la facultad de poder elegir como es que se desarrolla esta tecnología, así como es necesario problematizar el impacto de esa creación.  Así tenemos que, si la tecnología es algo propio al ser humano, asignado por la naturaleza y desarrollado por la cultura, no debemos tenerle miedo, sino al contrario asumirlo como una responsabilidad, como una fuerza que debe ser debidamente administrada, como un don que no podemos permitir convertir en maldición, como la capacidad que nos distingue de otras especies pero, por habernos sido asignada somos también  los responsables de dirigirla al bien no sólo de lo humano,  sino el bien hacía la vida y al respeto de lo viviente.

Es una ardua tarea la de poder ser conscientes de nuestros actos y responsables ya que no podemos olvidar que el ser humano es también un animal con pasiones dominantes. Tener tanto la capacidad de destrucción como la capacidad de crear un mundo mejor es un peso que la humanidad debe ser digna de cargar, apartándose de la debilidad de no pensar en la consecuencia de sus actos y desarrollando la fuerza para dirigir la gran responsabilidad que la evolución le ha asignado.

Bibliografía

Sloterdijk, P. (2003), Esferas I. Burbujas: microesferología. Siruela.

__________ (2004), Esferas II. Globos: macroesferología. Siruela.

__________ (2006), Esferas III. Espumas: esferología plural. Siruela.

LEER
La Revista
Anteriores
Contacto
El CUPS