Karuna

Aquel que es compasivo no puede quedarse sin hacer nada Curso Básico Nacional, Juventud Cruz Roja

Tenía once años cuando una chica problemática salvó mi vida. Yo vivía perdida en un mundo de tristeza, ajena a todo y sin rumbo. Ella fue mi luz en la oscuridad. Tal vez no era la más brillante, la más lista ni la más destacada, pero tenía un corazón de oro y no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados. Me enseñó que no estaba sola y que en mí había un potencial para ayudar a otros. Con su terquedad, me mostró que existía algo más allá de mi dolor, que hasta las nubes más grises tienen un final. Ella no cambió el mundo, pero sí cambió el mío cuando decidió quedarse.

 

Juventud fue como un barco que apareció de la nada cuando estaba a punto de ahogarme. Algo que no sabía que quería, pero que sin duda necesitaba. Lo digo con pasión, porque así lo viví. A veces, tenemos grandes expectativas; otras, estamos tan agotados que ni siquiera pensamos en ellas. Pero la vida pelea con nosotros, nos lleva por caminos inesperados, nos pone frente a personas opuestas a nosotros y nos enseña a amar aquello que alguna vez detestamos.

 

Yo soñaba con ser cantautora, con escribir canciones que tocaran corazones. Pero la vida me mostró otro camino. En su lugar, me dio el poder de la palabra, el gusto por los cuentos cursis y las historias largas. Me despertó la curiosidad por el mundo, el deseo de aprender y, sobre todo, de atreverme. Me puso frente a una serie de personas apasionadas que veía como gigantes, modelos a seguir que me hicieron soñar en grande. Gracias a ellos, aprendí que no solo hay decisiones que cambian vidas, sino también vidas que cambian decisiones.

 

Hoy usó mi vida para dar, para enseñar que, aunque sea difícil, el único límite está en el corazón. Aunque no me convertí en la gran cantante que imaginé, sigo el ejemplo de aquellos que con sus acciones cambiaron mi forma de ver el mundo y como ellos, intentó cambiar mundos, un corazón a la vez.

 

En Juventud, si uno cae, todos caemos con él, o todos lo ayudamos a levantarse. Somos un solo corazón, uno que late con la terquedad de los jóvenes, con esa «rebeldía» que nos impide quedarnos quietos. Somos el cambio que queremos ver en el mundo: personas pequeñas, haciendo acciones pequeñas, pero soñando con marcar grandes diferencias.

 

Así que sueña, vive y sé apasionado, deja latir eso que te hace quien eres y sin importar el miedo que tengas atrévete. Pues siendo diferentes nos volvemos nosotros mismos y aun con ese pequeño cambio, marcamos una gran diferencia.

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