Autor: Raquel Hoyos Guzmán
A dos días de que desapareciera, dicen que el río la devolvió a la orilla. Estaba desnuda y con el cuerpo lleno de moretones. En la comunidad se corrió la noticia: “Teresa González, la loquita, se lanzó al agua”. No se dijo más ni se habló del baile que hubo por la fiesta de la santa patrona del barrio de La Soledad, al que fuimos todas las muchachas con nuestros mejores vestidos. El papá de Teresa no quiso comprarle ropa para que estrenara. Le dijo “ponte el vestido que tu hermana Lucrecia usó el año pasado”.
