Autor: Laura Domínguez Canseco

¿Te has puesto a pensar, por qué mueren todos los seres vivos? Y… ¿Qué pasaría si nadie muriera?
Nos negamos a aceptar la muerte, la vemos y la sentimos como un evento catastrófico. No queremos que lo que amamos se vaya de nuestro lado y menos aún que sea para siempre.
Sin embargo, la muerte es parte de un ciclo vital, el famoso nacemos, crecemos, nos reproducimos, envejecemos y morimos que aprendemos desde pequeños. La muerte es vida.

Somos proclives a que, si una persona con cierta autoridad nos dice algo que suena importante, lo damos por hecho, verdad absoluta y así pasa de generación en generación algo que de ninguna manera nos detuvimos a verificar o confirmar. Así, pasamos por la vida, escuchando narraciones extraordinarias sobre, en este caso, animales de todas formas y colores que son verdaderamente terribles, malos muy malos y cuando se mencionan en alguna charla, nos ponen los pelos de punta, la carne de gallina y hay quienes prefieren cambiar de inmediato el tema o hay quienes convencidos dicen ¡sí, es cierto! ¡yo lo vi, lo viví! O se les atribuyen cualidades que les cuestan la vida ¿y ellos qué culpa?