Refresco

Fue un día como cualquier otro, 

salí del trabajo, cansado, ansioso,

 

Sin atención a mi alrededor,

un día menos de vida, 

caluroso y poco motivador, 

llegó la hora de salida. 

 

Me coloqué la gorra para no peinarme, 

guarde la herramienta enseguida,

me amarré las botas para no cambiarme

les dije: ¡Ahí mañana! a los maestros como despedida.

 

Me puse los audífonos para distraerme,

con la playlist repetida

y me dirigí a retirarme

como siempre con la existencia aburrida. 

Tomé el transporte público, 

sin saber que ese día iba ser único. 

 

Estaba distraído, 

pero de repente subí la mirada, 

enganchándome en unos ojos de hechizo, 

no sabía lo que pasaba.

 

Algo encendía dentro de mí 

y empecé a ver todo más colorido, 

era algo que no experimentaba, 

algo desconocido. 

 

Sentí en el pecho un taladrado de broca,

sin dejar de pensar en esos ojos negros 

que relucían del cubreboca.

 

Quiero acercarme, 

pero no quiero incomodar ni parecer atrevido, 

maldito dilema, el tiempo se agota 

y aún no me decido. 



Un ligero sudor me brotaba 

y no era por el clima, eso se notaba, 

otra vez esa sensación 

de tener un verso en mente, 

pero sin encontrarle rima.

 

Aunque a estas alturas de mi vida, 

titubear no es opcional 

y me dije, voy a saludarle 

si se baja hasta la terminal. 

 

Tengo que hacerlo, sin temor,

si me rechaza está bien. 

y si me da chance de conocerle 

está mucho mejor.

 

Entonces un ¡hola! rompió el silencio y fluyó la plática,

cual sacar un dulce de su envoltura,

fue corta, pero entretenida la dinámica.

Supe que había mucho de qué hablar 

cuando me dijo que se estaba formando en arquitectura,



“Perfecto yo soy maestro de obra, contratista”,

me miró y dijo “que chido”,

con cierto entusiasmo en su vista. 

 

Pero le dije: ¡no mentira!, 

soy chalán, el que mandan por las memelas, 

el chesco, y él bate la mezclita.

 

Reímos un poco, de nuestros conocimientos 

para construir una casa o edificio,

fue la primera mujer con la que hablé 

y conocía de mi oficio. 

 

Pero ella, tenía que irse, 

fugaz, cual leer una nota de periódico.

“Tal vez no vuelva a verte, y quisiera conocerte,

 ¿me pasarías tu número telefónico?”

 

Ella lo pensó un rato, pero accedió. 

y hasta el sol de hoy, 

me sigo sintiendo feliz de lo que sucedió. 



Me gusta ver el chat y saber que estás en línea 

aunque a veces no contestes, 

hablamos cuando tengamos tiempo y ánimo

con nuestros respectivos estilos,

de albañiles elocuentes.

 

Ser más sociable es muy bonito, 

me gusta platicar contigo, 

aunque a veces estés bastante ocupada,

nos damos el chance y la escapada,

para echar el chismecito.

 

Cambiaste mi cotidianidad, 

agradezco tu amistad, 

tu compañía es algo que se disfruta, 

este es un relato de un usuario cualquiera del Ruta.

 

La anécdota de un alma bohemia, 

de un día habitual 

en tiempos de pandemia.

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