Un gracias, no basta

Pensar en oficios me hace sentir muchas cosas, como ternura, admiración, conmoción; en mi realidad me enseñaron a hacer lo que se conoce con amor, al igual que tantas personas reconozco el esfuerzo y las dificultades que supone realizar un oficio, he visto como se pone en práctica la creatividad y habilidad para resucitar áreas verdes, construir una casa, para llenar no solo el estómago si no también el corazón, cuidar el espacio de otras personas e incluso a otras personas.

El ejercer un oficio les ha ayudado a varias personas a construir su identidad y defenderla con orgullo, por ejemplo, deberían ver la cara de mi mamá y mi papá cuando se refieren a su trabajo “es que lo que hago es increíble”,  “me encanta cuando me dicen que les gusto la comida porque me motiva”, con solo unas horas de cuidado mi papá le ha regresado el color a los jardines, el cariño con el que le habla  a sus plantas me hace sentir cálido el corazón, “tienes que crecer muy bonita”, les dice.

Personas como mi papá y mi mamá, son aquellas las que le asignan belleza y le dan otro sentido a lo cotidiano, si pones atención, te darás cuenta de que sus sentires se encuentran ahí, latentes porque, aunque muchas personas ven lo que realizan, pocas lo sienten; y  aquí viene otro de mis sentipensares; la inconformidad, detrás de tanta creación y consideración, tanto ellos como otras personas han normalizado ignorar que tienen necesidades que cubrir, como beber, comer, tener seguridad y reconocimiento, detrás de su esfuerzo, también se hallan “sacrificios”.

Y es que por más amor al arte que exista, hay condiciones que rebasan los límites de cualquiera, hay tratos que son denigrantes y que son tan normales que pocos le hacen frente, unas a causa del sistema en el que nos encontramos porque no nos da las bases necesarias para habitar y laborar en espacios dignos y otras a causa de la falta de importancia que se le da el cuidar de otra persona, la gente suele ser indiferente con  las circunstancias en las que se encuentran otras personas porque no les afecta, no estamos acostumbradas a preservar otra integridad que no sea la propia.

Y si bien es cierto que algunas agradecen el esfuerzo, pareciera que durante el proceso no vieran o sintieran lo que sucede en su alrededor, no basta un “gracias” para respetar el trabajo que realizan, se requieren acciones, sencillas que generen un gran impacto y que reflejen el respeto que merecen aquellas personas que construyen nuestros cimientos.

Es por ello por lo que hago un llamado a la empatía, a la reflexión y a la consideración para no ignorar las circunstancias en las que se encuentran otras personas, porque hay habilidad, conocimiento y quizá amor por lo que se hace, pero, algunas tienen que permanecer ahí por una necesidad.

Quisiera pensar que si también vivieran  lo que no solo se ha vivido en mi realidad, si no en muchas otras, las personas considerarían regalar una sonrisa, un vaso de agua en un día caluroso, brindar un refugio temporal en un día de lluvia, evitarían regatear, regalarían un taco o por lo menos prestarían un espacio más cómodo para comer en lugar de tener que ir a una jardinera o una banqueta para que consuman sus alimentos, asegurarse de que no haya algo que pueda representar un peligro para la persona que ofrecerá un servicio y es que, al final nada nos cuesta cuidar de las personas que nos rodean.

LEER
La Revista
Anteriores
Contacto
El CUPS